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 Sermones sobre temas importantes por el Rev. Paul C. Jong

 

Bástele a cada día su afán


< Mateo 6:34 >
“No os inquietéis, pues, por el mañana; porque el día de mañana ya tendrá sus propias inquietudes; bástele a cada día su afán.”



El Señor dijo: “No os inquietéis, pues, por el mañana; porque el día de mañana ya tendrá sus propias inquietudes; bástele a cada día su afán”. El peor enemigo de un justo que vive de la fe es la preocupación. No se trata sólo de las preocupaciones de hoy, sino de las del futuro. Para nosotros, los justos, las preocupaciones por el futuro vienen por nuestros defectos y debilidades. Por tanto, podríamos decir: “Soy así hoy, entonces, ¿cómo no habré de preocuparme por el mañana?”

Es normal que nos preocupemos cuando nos miramos a nosotros mismos. Sin embargo, si vemos nuestros defectos actuales y nos miramos a nosotros mismos, que parecemos no tener la posibilidad de alcanzar un futuro mejor y predecir el futuro, no podemos dejar de preocuparnos por ello.Esto puede hacernos dejar nuestra vida de fe. Esto ocurre porque creemos que nos conocemos muy bien y que no hay garantía de que el futuro sea mejor; así cuando no hay esperanza, nos llenamos de preocupaciones. Y estas preocupaciones debilitan nuestra fe completamente y nos hacen caer en preocupaciones fatales: ¿Debería abandonar mi fe?

No obstante, nuestro señor dice: “No os inquietéis, pues, por el mañana; porque el día de mañana ya tendrá sus propias inquietudes; bástele a cada día su afán”. Si nos falta algo ahora, nos enfrentamos a ello todos los días. El mañana se preocupará de sus propios problemas, bástele a cada día su afán.

¿Qué ocurre cuando caemos sobre las preocupaciones al ver nuestros defectos y debilidades? Tal y como un poco de levadura hace que el pan aumente, los corazones de los humanos, incluso los justos, se cubren de la sombra de las preocupaciones.

No hay nadie que no tenga preocupaciones. Todos las tenemos. Si nosotros fuésemos una escala de 100, consideremos que alguien se preocupa por su situación y por el futuro un 10 en una escala de 100. Sólo un 10 de 100 está en problemas, pero el 90 restante está bien. Sin embargo, a causa de este 10, vivimos en la ilusión de que sólo hay cosas por las que preocuparnos. Este 10% se apodera del otro 90% con la idea de que somos incompletos, débiles, de que siempre cometemos errores, de que no podemos hacer nada y que el futuro no será mejor. Consecuentemente, esto no convierte en personas que no pueden hacer nada, es decir, personas enervadas.

Sin embargo, en realidad, nuestro Señor dijo: “No os inquietéis, pues, por el mañana; porque el día de mañana ya tendrá sus propias inquietudes; bástele a cada día su afán”. Lo que el señor dijo aquí es: “¿Te hace falta algo? Si te preocupa algo que te falta hoy, esa preocupación es suficiente y no tienes que preocuparte por lo que te hará falta en el futuro. No traigas los problemas del futuro al presente y no sufras por ellos anticipadamente”. El Señor dice que el mañana tendrá sus propios afanes.

¿Qué significa esta enseñanza? Cuando consideramos nuestras vidas como una escala de 100, si hay un 10 entre 100 que nos preocupa, sólo tenemos que preocuparnos por esa cantidad por el momento. Por supuesto, esto no quiere decir que no habrá preocupaciones en el futuro. Esto no quiere decir que no tenemos aspectos en los que seamos débiles o insuficientes. Todos los tenemos. No obstante, si la debilidad aparece, sólo debemos preocuparnos por los aspectos en los que mostramos débiles en ese momento. No hay ninguna razón por la que debamos traer preocupaciones futuras al presente y preocuparnos por adelantado. Nuestro Señor nos está diciendo que no debemos estar frustrados con nosotros mismos al pensar que somos personas minusválidas que no pueden hacer nada y darnos por vencidos porque estamos desalentados porque ya no podemos vivir de la fe.

Ustedes y yo somos personas justas. Sin embargo no somos perfectos en todo. Todo el mundo tiene defectos y debilidades. Cuando lo experimentamos por primera vez, cuando acabamos de nacer de nuevo, no está mal. ¿Por qué? Porque todavía tenemos esperanza. Está bien tener la esperanza de que cambiará. Pero a medida que vivimos más y más nuestra vida de fe, ya no está bien. Sólo por vivir una vida de fe, nuestra carne no cambia. Incluso Pablo no podría decía que no tenía defectos, aun más, Pablo dijo: “¡Desdichado de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Romanos 7:24). Podemos averiguar que él también tenía sus preocupaciones y debilidades.

Por tanto, cuando averiguamos algo que nos preocupa, no debemos pensar en qué pasará en el futuro y morir por la carga de las preocupaciones. Si vamos a preocuparnos por algunos problemas o debilidades, podemos hacerlo cuando aparezcan en vez de abandonar la vida de fe o morir por lo que nos falta. Esta es la palabra de aliento de nuestro Señor. “No os inquietéis, pues, por el mañana; porque el día de mañana ya tendrá sus propias inquietudes; bástele a cada día su afán”. Podemos estar seguros creyendo en esta enseñanza.

Nosotros, los justos, tenemos que vivir por Dios y Su justicia. Aunque nosotros, los justos, tengamos una cara oscura, nuestras vidas son preciosas cuando estamos en unión con la Iglesia de Dios. Nosotros, los siervos de Dos también vivimos por el señor. También tenemos muchos defectos, preocupaciones y debilidades. Sin embargo, como consecuencia, ¿sufrimos simplemente por ellos y no podemos seguir adelante? No es así. Paramos de preocuparnos por ello y seguimos adelante por la fe en Su Palabra.

Por mucho que intentemos ocultar nuestras debilidades, sabemos que no podemos cambiarnos a nosotros mismos, y consecuentemente podemos abandonar nuestra vida de fe. Por eso nuestro Señor dijo: “¿Por qué te preocupas? No te preocupes por el mañana. No te preocupes por adelantado por lo que pueda pasar de nuevo mañana. Cuando las cosas pasan, y sufres por ellas, es suficiente sufrir ese día”. No debemos morir por esta razón al pensar que no tenemos esperanzas, o abandonar nuestra vida de fe al llevar la carga de nuestras preocupaciones, o afligirnos y perder nuestra fuerza o morir.

Tanto ustedes como yo tenemos debilidades carnales. Todos tenemos defectos. El sufrimiento de un día es suficiente en ese momento y no hay necesidad de acarrear el sufrimiento futuro de una vez y morir. Cuando observamos a los perfeccionistas, a veces vemos que se anticipan al futuro y abandonan el camino por el que todavía no han entrado. Se ven así mismo de este modo: “Soy así. No soy adecuado para la obra del Señor y el Reino del Señor. Y no está en mi naturaleza vivir una vida de fe”. Este 10% de preocupaciones puede desesperarles y finalmente hacerles abandonar sus vidas de fe, diciendo: “No son adecuado para esto así que voy a abandonar mi vida de fe.”

Por tanto, deberían saber que este es el esquema del diablo. No caigan en estas preocupaciones, el Señor nos dijo: “No os inquietéis, pues, por el mañana; porque el día de mañana ya tendrá sus propias inquietudes; bástele a cada día su afán”. Aunque no seamos gente perfecta en nuestra carne, ya que Jesús ha borrado todos nuestros pecados, todo lo que debemos hacer es sufrir por los problemas del presente a su debido momento. Si hay algo por lo que realmente necesitemos sufrir, es suficiente para sufrir ese día. Por supuesto, a veces no podemos dejar de sentirnos desesperados porque el 10% de preocupaciones abruma al otro 90% de nuestra vida de fe. Pero debemos apagar la pequeña llama de las preocupaciones antes de que queme toda nuestra fe. Tenemos que reafirmar que Jesús tomó todas nuestras debilidades y defectos junto con nuestros pecados cuando Él fue bautizado por Juan el Bautista.

Debemos escuchar atentamente lo que la Biblia dice en Mateo 6:34. Cada uno de nosotros, los justos, que piense profundamente sobre sí mismo debe escuchar esta enseñanza del Señor. Debemos escuchar atentamente lo que Jesús dice sobre no preocuparse por el mañana. No debería ocurrir tal cosa como mirarse a uno mismo preocupado por el mañana, preocupándose por ello y abandonando la vida de fe. Si nos falta algo hoy, sufrimos un poco hoy, y si nos falta algo mañana, sufrimos un poco más mañana. No debemos ser como un perfeccionista, que dice: “Oh, no. Me es imposible seguir a Jesús” y suicidarnos como Judas, y convertirnos en cristianos o trabajadores de Dios estúpidos. ¿Entienden lo que digo?

En realidad, ¿hay muchas facetas en las que se preocupan por el futuro y el mañana? Sí, sin duda las hay. La mayor debe ser mirarse a uno mismo y preocuparnos. Como somos personas, y especialmente los justos entre ellos, nos preocupamos mucho. Si nos preocupamos por el mañana, morimos espiritualmente. Morimos ahora. Morir hoy sin ni siquiera haber vivido el mañana es realmente tonto.

Lo que hace tropezar a nuestra fe son las preocupaciones del mundo. Es preocuparse por el mañana. Son las preocupaciones que nos guardamos para nosotros mismos en el corazón sin contárselas a nadie. Las preocupaciones por nuestras presentes debilidades y defectos, y sus posibles repeticiones mañana nos hacen fracasar. ¿Vamos a cargar con esto solos y morir solos, diciendo: “No se lo puedo decir a nadie”? Esa no es la voluntad de Dios.

Como en la marcha de los peregrinos que está apunto de ir hacia el Reino de Dios, nosotros somos los peregrinos. Pablo también a los santos “como peregrinos advenedizos” (1 Pedro 2:11). Somos los peregrinos y viajeros hacia el Reino, que viven en este mundo como el viento que pasa. Un viajero sufre problemas cada momento y cada día. No podemos ser viajeros si nos preocupamos por dónde voy a dormir, dónde voy a descansar. No es inteligente sacar a relucir nuestro sufrimiento por adelantado y sufrir de una sola vez y morir. Debemos decir a voz en grito en nuestro corazón: “No os inquietéis, pues, por el mañana; porque el día de mañana ya tendrá sus propias inquietudes; bástele a cada día su afán”.

Tenemos que confesar con fe diciendo: “Es cierto. La enseñanza de nuestro Señor es verdadera. Es así. Nuestro Señor me enseñó que cuando llega el sufrimiento, tengo que afrontarlo día a día y no es inteligente sacar a relucir el sufrimiento y sufrir por adelantado. En realidad, como la enseñanza del señor, sufro día a día, y si Dios permite que tenga un problema, Él permite que simplemente lo sufra el mismo día”.

No sabemos lo que pasará mañana y no sabemos qué difícil será y a qué grandes defectos seremos expuestos. Cada día pueden aparecer diferentes preocupaciones, pero espero que no vayan en contra de la voluntad de Dios por culpa de esas preocupaciones. Nosotros, los justos, vivimos según la voluntad de dios al menos al 90%. Es sólo un 10% en el que estamos enterrados en nuestras propias debilidades. Todo el mundo está así de enterrado en sus propias debilidades de todas formas. Por tanto, no deberíamos morir como consecuencia de esto. Está escrito: “No os inquietéis, pues, por el mañana; porque el día de mañana ya tendrá sus propias inquietudes; bástele a cada día su afán”. ¿Están seguros de que es suficiente sufrir por los problemas de hoy? Sí, estamos seguros.

Queridos hermanos cristianos, ¿sufren? ¿tienen preocupaciones? —Sí—. Si tenemos sufrimientos hoy, los sufrimos solamente hoy. Entonces se acabaron. Mañana será un nuevo día. Les digo esto a todos los santos y los siervos y siervas de Dios. El Señor nos ha dicho: “No os inquietéis, pues, por el mañana; porque el día de mañana ya tendrá sus propias inquietudes; bástele a cada día su afán”. ¿Cómo de grande es esta verdad? ¡Qué preciosa es esta amonestación!

Si nuestro Señor no hubiera dicho esto, estaríamos sometidos a nuestras debilidades presentes e incluso moriríamos por culpa de las abrumadoras preocupaciones al anticipar las debilidades del futuro, diciendo: “Tengo que hacer lo mismo en el futuro”. Este es el mismo pesimismo que tenía Judas Iscariote. Judas tenía remordimientos al ver que Jesús había sido condenado, y entonces tiró las treinta piezas de plata en el templo, se fue y se colgó, diciendo: “Soy una persona que merece morir así”. ¿Fue concienzudo al hacer eso? No. Esa no es la voluntad de nuestro Señor.

Suicidarse para responsabilizarse por lo que uno ha hecho no es la manera de obedecer al Señor. “Bástele a cada día su afán”. Nuestra vida es problemática e imperfecta. Así es nuestra vida. Si debemos sufrir porque no somos perfectos, entonces podemos sufrir en el momento en que aparece nuestra imperfección. Espero que no se conviertan en los que sufren por adelantado, o que no abandonen su fe por miedo al futuro.

No debemos ser nuestros propios maestros. El señor es el único Maestro de todos nosotros. Es correcto que cuánto más vivimos una vida de fe, más sentimos nuestras insuficiencias. Sin embargo, no debemos preocuparnos por lo que nos pasará mañana. Mañana es mañana y ahora es ahora.

Esto es todo lo que puedo decirles. Si entendieron alguna cosa, creo que mi predicación ha tenido éxito. Por eso repito la misma enseñanza una y otra vez en el mismo sermón.

En realidad, nosotros no podemos hacer otra cosa que morir con todos nuestras preocupaciones por el mañana. Ustedes y yo no podemos dejar de ser estos seres si permaneces solo en nuestros pensamientos carnales. Sin embargo, nuestro Señor nos ha salvado a los que somos así con Su Palabra del agua y el Espíritu. Y Él nos amonesta así: “No os inquietéis, pues, por el mañana; porque el día de mañana ya tendrá sus propias inquietudes; bástele a cada día su afán”. Nuestro Señor nos ha salvado de nuestras preocupaciones e imperfecciones. Él nos salvó a ustedes y a mí. Queridos hermanos cristianos, ¿no es verdad? —Sí—.

Aquellos que abandonan su vida de fe miran hacia lo que podría pasar mañana y se preocupan por adelantado y han dejado su vida de fe. Existe una gran probabilidad de que el número de ese tipo de gente aumente. Por eso nuestro Señor dice esto. “No os inquietéis, pues, por el mañana; porque el día de mañana ya tendrá sus propias inquietudes; bástele a cada día su afán”. Solo tenemos que sufrir día a día. No hay nadie que no tenga tanto sufrimiento, y el Señor Dios nos ha hecho los justos que pueden superar todos los sufrimientos con la fe. Los sufrimientos, ya sean por nuestros defectos o por la persecución que el Señor permitió, debemos padecerlos ese día, y no hay razón por la que debemos preocuparnos por adelantado. Esto es fe. El Señor sobrepasó todas nuestras debilidades. Nuestro Señor, no sólo nos ha salvado de todos nuestros pecados, sino que también de todas nuestras preocupaciones. Cuando lo creemos y seguimos al Señor, sentimos que no hay preocupaciones, problemas, miedos o dolor.

Si no hubiéramos escuchado esta enseñanza hoy, habría una gran probabilidad de que dijésemos: “Oh, lo dejo ahora. Oh, moriré ahora” en nuestra vida de fe. Cuando se acerque la venida del seño, estoy seguro de que veremos mucha gente así. Es porque este momento hace a cada uno más vulnerable a los defectos. Nuestras preocupaciones aumentan porque el mundo es caótico y difícil de sobrellevar, pero no deben preocuparse por los problemas del mañana por adelantado y morir hoy. Espero que se conviertan en los que se preocupan mañana de los problemas de mañana. También espero que crean que a cada día le basta su afán.

Los problemas y el sufrimiento no duran siempre. Lo que duro siempre para nosotros, los que hemos recibido la remisión de los pecados, es el Señor, la salvación y el Reino de los cielos. Las preocupaciones son temporales y no duran. Tal y como un día puede estar claro o nublado, lluvioso o soleado, nosotros no somos siempre de la carne o del espíritu, o siempre insuficiente o siempre desobedientes. Aunque seamos insuficientes, seguimos la voluntad del Señor. Jesús ya se había encargado de todos nuestros defectos. Por tanto, espero que vivan según la fe en la enseñanza del Señor. Damos gracias al Señor por darnos esta enseñanza para no caer en nuestras preocupaciones. Qué grande es esta enseñanza para nosotros, los que estamos viviendo en los últimos días, estamos muy agradecidos.

Sufrimos cada día, pero el sufrimiento de un día es suficiente para ese día, y debemos vivir para la obra bendita con fe en Dios por lo que pudiera pasar mañana.

¡Aleluya!

 

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