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¿Qué haríamos si
fuésemos abandonados por el Señor en el último día?
< Mateo 7:21-23 >
“No todo el que dice: ¡Señor, Señor!, entrará en el reino de los
cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre, que está en los
cielos. Muchos me dirán en aquel día: ‘¡Señor, Señor!, ¿no profetizamos
en tu nombre, y en nombre tuyo arrojamos los demonios, y en tu nombre
hicimos muchos milagros?’ Yo entonces les diré: ‘Nunca os conocí,
apartaos de mí, obradores de iniquidad.’”
Todo nacido en este mundo está destinado a enamorarse
al menos una vez. Así es como un hombre y una mujer se convierten
en uno solo en el matrimonio. Pero para la mayoría existe también
un tipo de amor llamado amor no correspondido. Existe un amor que
lo siente sólo una de las partes, en otras palabras, no tienen nada
que ver con cómo se siente la otra persona y cuáles son sus intenciones.
En pocas ocasiones este amor es fructífero; en la mayoría de los
casos se convierte en amor de sólo una de las partes por la otra
persona. En estos casos, generalmente se olvida con el tiempo, y
queda sólo un recuerdo distante de un dolor de corazón hace mucho
tiempo; pero también existe el amor de los acosadores que es mucho
peor que el amor no correspondido. Hay gente que se obsesiona con
el objeto de su amor, por mucho que sean rechazados una vez tras
otra. En casos extremos, este amor obsesivo conduce a uno a matar
a la persona a quien ama.
Estos acosadores a menudo piensan y creen que la otra
persona les quiere en realidad, cuando de hecho no es así. Sufren
un tipo de enfermedad mental.
En el amor, la voluntad de cada uno es crucial, del
mismo modo que al aplaudir se necesitan ambas manos. Amar a alguien
fervientemente pero sólo por tu cuenta no es un amor adecuado. Cuando
incluso el amor de este mundo es así, es muchos menos probable que
haya un amor no correspondido entre Dios y los hombres.
Dios nos dijo que ama a todo el mundo por igual. Bendice
y ama a todo el que entiende Su amor correctamente y lo acepta con
gratitud mediante la fe. Les da la Salvación incondicionalmente.
Sin embargo, a aquellos que no hacen esto, Él les envía Su ira y
los rechaza. La razón es que su amor por Dios es erróneo. Dios dijo
en el Evangelio según Mateo que Él no conoce a esta gente.
Cuando la gente le dijo: “¡Señor, Señor!, ¿no profetizamos
en tu nombre, y en nombre tuyo arrojamos los demonios, y en tu nombre
hicimos muchos milagros?” el Señor les declaró: “Nunca os conocí,
apartaos de mí, obradores de iniquidad” (Mateo 7:23).
Consideremos por un instante lo que ocurriría si aquellos
que no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu se presentasen
ante Dios con todos sus pecados intactos. Se dirigirían al Señor
como si se estuvieran dirigiendo a otro ser humano. Podemos imaginarnos
esta conversación entre una de estas personas y el Señor Jesús.
“¿Cómo estás Señor? Cuando vivía en la tierra siempre
pensé que eras hermoso, pero es todavía mayor honor poder conocerte
en persona. Gracias Señor. Me has salvado de esta manera. Y aunque
tenga unos pocos pecados, como creo en Ti, estoy seguro de que he
sido salvado. Bueno, ahora me iré al hermoso lugar que has preparado
para mí. ¡Adiós! Nos vemos pronto.” cuando este hombre intenta alejarse
de Su presencia, el Señor le llama porque tiene unas cuantas palabras
que decirle.
“Pero, ¡espera! ¡Aquellos que tienen pecados no pueden
ir a ese sitio!”
“Bueno, es verdad que todavía tengo pecados, pero
creo que aún así puedo ir allí porque creo en Jesús como mi Salvador.”
“¡No, no funciona así!. Todavía tienes pecados, ¿no?”
“Bueno, sí. Todavía tengo pecados.”
“Entonces, ¿cómo te atreves a ir al lugar que he preparado
para los sin pecado? ¡Escucha! ¡Lanzad a este tipo al fuego inextinguible
para sufrir para siempre! Y antes de que hagan esto, deberías confesar
tus pecados.”
Entonces el hombre empieza a confesar todos los pecados
que había cometido antes abriendo bien sus labios y sin dudar, diciendo:
“Bueno, cuando vivía en el mundo pasado, cometí este pecado y el
otro…”.
Entonces el Señor le dice: “De acuerdo, es suficiente.
Estás más que cualificado para ir al infierno. Como tienes pecados,
ve el infierno donde hace calor y se está a gusto para un hombre
como tú”.
“¿Qué? ¡Pero cuando estaba en el mundo yo creía en
Ti! ¡Yo profeticé en Tu nombre! ¡Di testimonio de Ti a mucho gente!
¡Vendí mi casa para servirte; ayudé a huérfanos; asistí a cada reunión
de oración diligentemente; curé a muchas personas enfermas; ayuné
por Ti y sacrifiqué mucho por Ti!” En ese momento, al pensar que
todo es demasiado injusto, rechina los dientes tan furiosamente
que suena como si sus dientes se fueran a partir. ¡Podemos imaginarnos
que la odontología estará en auge en el infierno! Pero, en serio,
todos los pecadores, hayan creído o no en Jesús, si no creyeron
en Jesús dentro de la verdad del Evangelio del agua y el Espíritu,
están condenados a ser echados a este lugar de fuego eterno.
En Jeremías 17:1 Dios dijo: “El pecado de Judá
está escrito con estilete de hierro, a punta de diamantes se ha
grabado en la tabla de su corazón y en los cuernos de sus altares”.
Judá ser refiere a la tribu real entre los israelitas, y Dios utilizó
esta palabra para representar a todo el pueblo de Israel. Y aún
más, implica a todos los seres humanos, ya que la Biblia se apoya
en el principio representativo; por ejemplo, Adán se invoca como
el representante de la humanidad (Romanos 5:18).
Los diamantes son formas cristalinas de carbón en
forma de cubo y son la sustancia natural conocida más dura del mundo.
Por eso cuando se dice aquí que los pecados de la gente están escritos
en las tablas de sus corazones con la punta de un diamante, no pueden
ser borrados a no ser que sean lavados al creer en el Evangelio
del agua y el Espíritu.
Por eso para los pecados que han cometido los que
no han recibido todavía la remisión de los pecados están escritos
en las tablas de sus corazones. Por muy bien versados que estén
en teología sistemática, sean expertos en teología Calvinista, tengan
doctorados, enseñen teología en seminarios, u ocupen altas posiciones
en las iglesias, los pecados que están escritos en las tablas de
sus corazones no pueden ser borrados sin creer en el Evangelio del
agua y el Espíritu. Por eso cuando esta gente reza a Dios, los vemos
confesándose ser pecadores, porque las tablas de sus corazones están
llenas de sus pecados.
Como los pecadores no pueden tener una relación con
Dios en la Verdad, aunque así lo quieran, intentan comprometerse
con oraciones en las montañas, ayunos, hablando en lengua y viendo
visiones para poder conocer al Señor a través de las llamadas experiencias
místicas. Pero al final todas estas cosas son en vano, y todo lo
que han hecho es vivir una vida falsa de fe que engaña a sus corazones.
El pasaje de Jeremías arriba mencionado también dice
que el pecado de Judá está grabado en “los cuernos de sus altares”.
Los cuernos de los altares aquí se refieren al Libro de lo Hechos.
Hay dos Libros en el Reino de Dios: el Libro de la Vida y el Libro
de los Hechos (Apocalipsis 20:12). En el Libro de los Hechos, Dios
ha escrito con todo detalle todas y cada una de las iniquidades
de todos los pecadores.
Por tanto, si estos pecadores no creen en el Evangelio
del agua y del Espíritu, nunca escaparán de su estado pecador mientras
vivan en este mundo. Todos los que buscan borrar los pecados que
están escritos en las tablas de sus corazones, sean quienes sean,
deben creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, y que Jesús
les ha salvado del modo más apropiado, al tomar todos sus pecados
a través del bautismo que recibió de Juan y la sangre que derramó
en la Cruz. Entonces, sus nombres se pueden escribir en el Libro
de la Vida, y sólo entones pueden convertirse en el pueblo de Dios.
¿Están sus nombres escritos
ahora en el Libro de la Vida?
Todo el mundo está destinado a presentarse una vez
ante el trono del juicio de Dios. Imaginémonos que un creyente del
Evangelio del agua y el Espíritu se presenta ante Dios ese día.
Dios ordena a Sus ángeles: “Mirad si su nombre se encuentra en el
Libro de la Vida”. Entonces los ángeles lo comprueban, y sin duda,
su nombre está escrito en él.
Entonces Dios le dice: “Mi querido hijo, cuando estabas
en la tierra, lavaste tus pecados al creer en la verdad del Evangelio
del agua y el Espíritu que yo te había dado libremente. Entonces
trabajaste duro para Mí, y derramaste muchas lágrimas por Mí también.
Me encargaré de que nunca más salgan lágrimas de tus ojos. Nunca
más habrá tal sufrimiento, ni tampoco te atacará Satanás. Bien hecho,
hijo mío”.
Entonces el Señor encarga a Sus ángeles que le coronen.
“¡Gracias, Señor; es todo un honor para mí!”
“¡Traed una corona y ponérsela en la cabeza!”
“Estoy completamente agradecido, Señor. Que me hayas
salvado de mis pecados es suficiente para esta infinitamente en
deuda contigo, y sin embargo ¿me coronas Tú a mí por la pequeña
tarea que hice por Ti? Gracias, Señor. Es suficiente que me hayas
salvado. Que pueda entrar en Tu Reino para vivir allí por siempre
es suficiente recompensa para mí. Entonces, ¿puedo entrar en el
Cielo ya?”
“¡Claro!¡Traed un ángel! Dejad que el millonésimo
hijo de Dios monte a su espalda.”
El ángel que ha sido llamado llega y le dice: “¡Aquí
estoy mi señor! Por favor, suba a mi espalda”.
“Está muy acolchado. Vamos a algún sitio bonito.”
El ángel empieza con cuidado a mover las alas para
volar.
“¿Le gustaría ir a dar una vuelta, mi señor?”
“¡Wow! ¡Esto es maravilloso! ¿Cómo de grande es el
Cielo?”
“Bueno, he estado volando por aquí durante miles de
millones de años, pero todavía no he llegado al final.”
“¿De verdad? Puedes bajarme ahora. Debo pesar mucho.”
“Mi señor, nunca se nos gasta la energía aquí en el
Cielo.”
“¿En serio? Gracias. Deja que haga mi primer paso
en el suelo del Cielo. ¿Dónde están los demás justos que vinieron
aquí antes que yo?”
“Están ahí.”
“Vamos a verlos.”
Entonces el creyente se encuentra con todos los justos
que han llegado antes que él, y establece una hermandad eterna con
ellos por todos los deseos de su corazón. Todas estas cosas pueden
parecer una fantasía, pero es lo que realmente ocurrirá a aquellos
que crean en el Evangelio del agua y el Espíritu. ¡Bienaventurados
los que han sido salvados por creer en el Evangelio del agua y el
Espíritu!
No obstante hay mucho idiotas espirituales en el cristianismo
de hoy en día que son tercos para aceptar el regalo de Dios del
Evangelio del agua y el Espíritu. Esta gente, aunque en realidad
crean en Jesús, han creído erróneamente, ya que no conocen el Evangelio
del agua y el Espíritu. Es aterrorizador ver cómo se aferran a su
fe fraudulenta cuando el Evangelio verdadero se les ha enseñado
tan obviamente.
Si la gente quiere ser salvada de sus pecados, entonces
deben creer de todo corazón en la verdad del Evangelio del agua
y el Espíritu, que nos dice que Jesús aceptó todos los pecados del
mundo al ser bautizado por Juan (Mateo 3:13-17) y nos salvó sufrió
el castigo de nuestros pecados en nuestro lugar al derramar Su sangre
en la Cruz. No podemos entrar en el Cielo si creemos en cualquier
cosa que nos encontremos por el camino, porque Dios es justo en
lo que se refiere al pecado y la salvación, y no es meramente un
hombre con un buen corazón que vive al lado y que siempre tolera
cualquier cosa a todo el mundo.
Dejen que les cuente una historia graciosa. Alguien
subió al Cielo y en un rincón todo lo que vio fueron toneladas de
orejas y labios apilados. Cuando la persona le preguntó a un ángel
la razón de aquello, el ángel le explicó que estaban ahí en el Cielo
porque solo los labios y las orejas se habían salvado. Si creemos
en el Señor, es absolutamente necesario que creamos en el Evangelio
del agua y el Espíritu desde el fondo de nuestro corazón, y así
ser salvados con esta fe de todos nuestros pecados de una vez por
todas.
Muchos cristianos que todavía tienen sus pecados intactos
ante el Señor, aún cuando en la actualidad creen en Jesús, piensan
que no tendrán ningún problema para entrar en el Cielo aunque todavía
mantengan sus pecados. Pero nuestro Señor les dirá: “No puedo consideraros
sin pecado cuando en realidad todavía tenéis pecados. Yo ya había
remitido todos vuestros pecados mediante el Evangelio del agua y
el Espíritu cuando estabais en el mundo, y aún así os negasteis
a creer en este Evangelio con vuestros corazones. ¿Veis lo que quiero
decir? ¡Escuchad! Ahora, ¡echad a esta gente que rechazó Mi amor
al fuego inextinguible!”
Si hay pecados en sus corazones aún cuando creen en
Jesús, entonces mientras vivan en la tierra escuchen el Evangelio
del agua y el Espíritu, crean en él, y reciban la remisión de sus
pecados que Dios les ha dado libremente por Su abundante gracia.
Deben darse cuenta de que las almas que no lo hagan serán echadas
al fuego eterno del infierno en el próximo mundo.
Aquellos que afirman estar sin pecado, aún cuando
sus pecados permanecen en sus corazones no hacen nada más que burlarse
de Dios e intentar engañarle. Cuando llegue el día en que Dios juzgará
el mundo, se darán cuenta de la enorme diferencia que hay entre
los pecadores y los sin pecados. Ese día, se darán cuenta de por
qué el Señor les había reprendido tanto para que creyeran en el
Evangelio del agua y el Espíritu y recibieran la remisión del pecado.
Y entonces, todos ellos lamentarán no haber creído.
Todo cristiano cree igualmente en Jesús como el Salvador,
pero existe una enorme diferenta de fe entre los que han recibido
la remisión de los pecados y los que no: los primeros serán bienvenidos
en el Cielo, pero los últimos serán echados al infierno. Si ustedes
no reconocen todavía que la Palabra del Evangelio del agua y el
Espíritu es la verdad de la remisión de sus pecados, más tarde,
en el Último día, sin duda será demasiado tarde.
¿Hay algún pecado en sus corazones aunque crean en
Jesús como el Salvador? Si es así, ustedes también son pecadores.
Jesús es el Salvador que condena a los que dicen que tienen pecado.
¿Significa esto que sería correcto que insistiésemos ciegamente
que no tenemos pecado? No, no es así. Podemos estar sin pecado solo
cuando realmente creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu
de corazón y somos lavados de todos nuestros pecados de una vez
por todas. El Cielo es un lugar en el que solo pueden entrar los
que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu que ha borrado
completamente sus pecados.
Preparen la fe que les salva de sus pecados ahora,
con el Evangelio del agua y el Espíritu. Si l dejan para luego,
será demasiado tarde. Antes de que sea demasiado tarde, ¡crean en
el Evangelio del agua y el Espíritu ahora y estén preparados! Si
no aceptan el Evangelio del agua y el Espíritu, la verdad de la
remisión de los pecados, en sus corazones, quedarán presos en el
infierno. Todos los pecados serán encarcelados en el infierno, pero
los justo moraran en el Cielo.
¿Quién iba a decir que recibir la remisión de los
pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu sería tan
preciado? Aquellos en este mundo que han escuchado el Evangelio
del agua y el Espíritu son muy afortunados.
Alabo a nuestro Señor con este Evangelio. Doy gracias
al Señor una vez más por salvarnos a nosotros, que habíamos sido
todos pecadores, de todos los pecados del mundo mediante el Evangelio
del agua y el Espíritu de una vez por todas. Ustedes también, deben
creer en el poder del Evangelio del agua y el Espíritu ahora. Entonces
se convertirán en los hijos de Dios para siempre. ¡Aleluya!
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