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Los obreros de Dios
< Mateo 9, 35-38 >
«Jesús recorría ciudades y aldeas enseñando en sus sinagogas,
predicando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda
dolencia. Viendo a la muchedumbre, se enterneció de compasión por
ella, porque estaban fatigados y decaídos como ovejas sin pastor.
Entonces dijo a los discípulos: La mies es mucha, pero los obreros
pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies».
Todos nosotros, los justos, rezamos a Dios y hacemos Su obra. Así
oramos: «Señor, la cosecha es mucha, pero los obreros son pocos.
Por favor, envía más obraros para que pueden difundir Tu Evangelio».
Empecemos la lección de las Escrituras rezando todos juntos.
«Señor mío, la era de la Tribulación ha comenzado en nuestro tiempo
y un sin fin de pecadores están perdidos y vagando en sus pecados.
Señor, te pedimos que nos hagas capaces de predicar el Evangelio
del agua y el Espíritu para salvar a todas esas almas de sus pecados.
Señor mío, envía obreros para salvar estas almas y para que den
testimonio de Tu Evangelio. Te pedimos que encuentres estos obreros
y nos los envíes».
«Padre nuestro, oramos para que nos des la fuerza para salvar a
los pecadores. Aunque seamos pocos en número, haz que este año podamos
dar testimonio de Tu verdadero Evangelio en esta era del fin de
los tiempos, y te pedimos que obres entre los justos para que muchos
siervos de Tu Justicia se levanten para dar testimonio de Tu Evangelio.
Encuentra a estos obreros y envíanoslos. Oramos para que continúes
salvando las almas de los pecadores y los nombres siervos Tuyos.
A todos los justos que han nacido de nuevo, inspira en sus corazones
las ansias de servirte y de ser Tus obreros, para que a través de
ellos, Tu Evangelio sea visto por todo el mundo, para que Tu Palabra
sea atestiguada y Tu voluntad se cumpla».
Sólo los justos pueden ser siervos de Dios
¿Qué justos pueden convertirse en obreros de Dios? En primer lugar,
solo los que creen firmemente en el Evangelio del agua y el Espíritu,
la Palabra de nuestro Señor, y cuyas almas han nacido de nuevo en
este Evangelio, pueden convertirse en obreros del Evangelio de Dios.
Los que pueden predicar el Evangelio del agua y el Espíritu son
los justos que han nacido de nuevo al creen en el Señor y en el
verdadero Evangelio. Sólo ellos pueden predicar el Evangelio del
agua y el Espíritu.
Podemos confirmar esta verdad en Hechos de los Apóstoles 1, 8,
que dice: «Pero recibiréis el poder del Espíritu Santo, que vendrá
sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea,
en Samaria y hasta el extremo de la tierra».
Sólo cuando se recibe la remisión de los pecados, el Espíritu Santo
llega al corazón y al haber creído en el Evangelio del agua y el
Espíritu, podemos convertirnos en obreros de Dios. Cuando creemos
de verdad en la perfecta Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu
y nuestros pecados son perdonados, recibimos el don del Espíritu
Santo en nuestros corazones (Hechos de los Apóstoles 2, 38). Si
uno se da cuenta de que sus pecados han sido perdonados y ya no
tiene pecado en su corazón, ha recibido la prueba de que el Espíritu
Santo ha entrado en su corazón. Al haber entrado el Espíritu Santo
en nuestros corazones, nuestros testigos tienen la garantía de que
ahora estamos sin pecado al creer en el Evangelio del agua y el
Espíritu.
Nuestro Señor dijo: «Seréis mis testigos en Jerusalén, en toda
Judea, en Samaria y hasta el extremo de la tierra». Esto significa
que Él hará que los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu
sean Sus testigos en todo el mundo. Por tanto, cuando los justos
se niegan a sí mismos, confían en el Señor y le obedecen, el Señor
les confía esta obra. El Espíritu Santo guía todos los pasos de
los nacidos de nuevo que han recibido la remisión de los pecados
al creen en Evangelio del agua y el Espíritu y mora en sus corazones.
Así los justos que han sido perdonados por todos sus pecados predican
el Evangelio del agua y el Espíritu en toda ocasión.
Si tienen la oportunidad de predicar el Evangelio a alguien, es
normal que estén nerviosos o tengan miedo. Pero es el Espíritu Santo
quien obra en sus vidas realmente. El Espíritu Santo nos da las
palabras adecuadas en cada ocasión: «No seréis vosotros los que
habléis, sino el Espíritu Santo de vuestro Padre el que hablará
en vosotros» (Mateo 10, 20). Por tanto debemos confiar en el
Espíritu Santo, y predicar confiadamente el Evangelio con fe en
cada oportunidad que se nos presente, y hacer la obra del Señor.
¡Confiemos todos en que el Espíritu Santo obra en nuestros corazones!
Por el contrario, cualquiera que no crea en el Evangelio del agua
y el Espíritu no está capacitado para convertirse en obreros de
Dios. ¿Por qué? Porque los pecadores no puedes dar testimonio de
la Justicia de Dios, y porque nadie puede ser salvado de sus pecados
si no es a través de este Evangelio del agua y el Espíritu, ya que
el Señor tomó todos nuestros pecados a través de Su bautismo. Por
lo tanto, todos esos pecadores que retienen sus pecados en sus corazones
no pueden ser instrumentos del Espíritu Santo.
Si alguien dice haberse convertido en obrero de Dios sin creer
en el Evangelio del agua y el Espíritu, entonces esa persona se
ha hecho obrero por su cuenta- un falso obrero- y no ha sido llamado
por Dios para convertirse en Su verdadero obrero. Por mucho que
estos pecadores trabajen para hacer la obra de Dios- o mejor dicho,
creyendo que hacen Su obra- todo es en vano.
Vemos a gente así por todas partes. Hay muchos pecadores en este
mundo que sufren de estas extrañas ilusiones. Una de sus características
comunes es que aunque desconocen el Evangelio del agua y el Espíritu,
siguen entregados a su obra. De esta manera, a veces deseo que nuestros
santos nacidos de nuevo estén tan entregados al verdadero Evangelio
como esta gente a su propia obra.
El segundo requisito para ser obrero de Dios: Amar
el Evangelio del agua y el Espíritu
Como he dicho anteriormente, el primer requisito para ser obrero
de Dios es creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. En otras
palabras, sólo los justos pueden ser llamados obreros Suyos. Pero
deben saber que todos los nacidos de nuevos son llamados a ser obreros
Suyos. De entre los justos, sólo los que tienen compasión por las
almas de los pecadores y desean salvarlos, se convierten en obreros
del Evangelio de Dios. Este es el segundo requisito para convertirse
en Sus obreros. Puede que no tengan ningún talento en particular,
que no sepan hablar en público o que no tengan nada que sea remotamente
notable, pero los justos que desean salvar almas están capacitados
para ser obreros de Dios.
Los justos que aman a otros, aunque no tengan poder ellos mismo,
desean que los demás sean salvados; y como estas almas deben ser
salvadas, se alzan para conseguir este reto, a pesar de sus imperfecciones,
y están dispuestos a hacer cualquier cosa para salvar estas almas.
Estos son precisamente los que están capacitados para ser obreros
de Dios.
¿Hay alguien que diga: «Sí, mi corazón siente así, pero todavía
no me siente capacitado para ser obrero de Dios»? Pero esa no es
razón suficiente para que no estén capacitados en realidad para
ser uno de Sus obreros; cualquier cosa que les falte les puede ser
dada por la fe y enseñada por la Iglesia de Dios.
Queridos creyentes, los justos que tienen este corazón que ama
el Evangelio del agua y el Espíritu y a otras almas, tienen que
ser adiestrados en muchas cosas; desde arte hasta cómo tratar a
un alma y hasta el conocimiento de la Palabra. Si nuestros corazones
desean fervientemente servir al Evangelio de Dios y difundirlo,
todo lo que debemos hacer es recibir todas estas aptitudes a través
de nuestra fe. Por tanto, lo que se necesita para convertirse en
obrero de Dios es este corazón que desea servir al Evangelio del
agua y el Espíritu, que ama a otras almas y que quiere dedicarse
a Dios. Sólo cuando nuestros corazones desean servir al Evangelio
podemos hacer la obra de Dios en todas sus variantes.
No es fácil salvar vidas, ya sea espiritual o físicamente, y por
tanto una disciplina de fe adecuada es realmente necesaria. Para
que un médico se haga especialista, debe pasar antes por un período
de dura instrucción como interno. Del mismo modo, para que los justos
se conviertan en expertos obreros de Dios, antes deben pasar por
un período de aprendizaje. Mis queridos creyentes, debemos adiestrarnos
hasta que seamos expertos en predicar el Evangelio del agua y el
Espíritu.
Cuando las almas de los pecadores entran en contacto con los obreros
internos, se convierten en objeto de estudio para la predicación
del Evangelio. También hay veces que cuando alguien está a punto
de recibir la remisión de los pecados, se desvía de este propósito
y acaba volviendo a casa con el corazón dolido, sólo porque el encargado
de dar testimonio del Evangelio no ha recibido la formación adecuada.
Esto es especialmente relevante en la formación que se recibe en
la Mission School (Escuela de la Misión) que pertenece a la Iglesia
de Dios. Cuando la gente se encuentra con obreros de Dios inmaduros,
es posible que los que estaban a punto de recibir la remisión de
los pecados no puedan hacerlo. Incluso los que habían abierto las
puertas de sus corazones pueden acabar cerrándolas de nuevo.
He dicho anteriormente que aquellos que tienen un corazón que ama
a otras almas estás capacitados para convertirse en obreros del
Evangelio de Dios. Pero deben estar llenos de la Palabra de Dios
para poder guiar a otras almas. Los obreros de Dios sólo pueden
mantener una relación de hermandad con los que intentan salvar si
ellos mismo escuchan atentamente la Palabra de Dios y tienen un
conocimiento suficiente de esta Palabra y sobretodo gran fe en ella.
Sin embargo, esta formación no la puede alcanzar uno por sí mismo.
Debemos estar dentro de la Iglesia de Dios y escuchar la Palabra
espiritual que el Espíritu Santo dice a Sus obreros a través de
la Iglesia. Por mucho conocimiento de la Palabra de Dios que uno
alcance por sí mismo, no es suficiente para convertirse en una espada
espiritual. Nuestro conocimiento de la Palabra sólo puede convertirse
en un arma espiritual cuando escuchamos y aprendemos la Palabra
a través de la Iglesia de Dios. Entonces cuando simplemente rozamos
a otros con esta espada espiritual, estos son salvados de sus pecados
y curados de la enfermedad espiritual del pecado.
La cuestión es si hay o no hay un amor ferviente por el Evangelio
del agua y el Espíritu en nuestros corazones. Aunque no tengamos
ningún talento, todo lo que necesitamos para ser obreros de Dios
capacitados es un corazón que ame el Evangelio. De modo que la pregunta
que debemos hacernos es: ¿Aman nuestros corazones a otras almas,
o aman al mundo? Los justos son los que tienen este corazón bondadoso
que ama a otras personas y son los que están capacitados para convertirse
en los obreros del Evangelio del agua y el Espíritu.
Ahora mismo, Dios está buscando obreros para Su
mies
Ahora mismo, en este preciso instante, Dios sigue buscando obreros
para mandarlos a Su cosecha de almas perdidas. No tienen que ser
expertos en teología y aspectos doctrinales. Tampoco tienen que
saber ocuparse de asuntos seculares de este mundo. Si enseñan el
Evangelio del agua y el Espíritu fielmente a los pecadores que no
han recibido la remisión de los pecados, también vencerán los planes
malignos de Satanás que han encarcelado a esos pecadores. Y si ayudan
a estas almas a recibir la remisión de los pecados al escuchar y
creer en La Palabra verdadera de Dios, serán buenos obreros de Dios.
Él está buscando a estos obreros ahora. No necesitan saber educar
a las almas. Dios mismo, a través de los líderes de Su Iglesia,
se ocupará de educar a estas almas.
En la película Superman vemos un ejemplo de hombre que resuelve
todas las situaciones difíciles por sí mismo. Pero Dios no busca
este tipo de super-obrero. Más bien, Dios busca obreros que sean
fieles a Su llamada, que prediquen el Evangelio del agua y el Espíritu
y vivan de la fe.
Los líderes de la Iglesia, que son sus pastores, y los obreros
del Evangelio desempeñan diferentes tareas que les han sido asignadas
a cada uno. Los obreros deben ser fieles a las tareas asignadas,
pero los líderes tienen que hacer muchos más, también tienen que
dirigir a los obreros.
Habiendo dicho que la cosecha es abundante y los obreros pocos,
Dios nos dijo que rezásemos para que mandase más obreros a la mies.
Además nuestros Señor nos dice: «Vosotros, los que rezáis, debéis
ir». Los que rezan a Dios para que envíe a Sus obreros, piden esto
precisamente porque sus corazones desean hacer la obra de Dios.
Rezan porque tienen compasión por las almas perdidas. Por eso Dios
nos dice que los que rezamos por esto, deberíamos ser obreros Suyos.
Esto es lo que Dios nos dice.
Debemos darnos cuenta de que los obreros de Dios no caen del cielo.
Primero debemos rezar a Dios para que envíe a Sus obreros; y segundo,
nosotros mismos, los que rezamos por esto, debemos hacernos obreros.
Dios confiará almas a Sus obreros para que las cosechen.
Esta era necesita obreros de Dios más que nunca
Esta era necesita obreros de Dios más que nunca. Debemos rezar
a Dios y pedirle que nos envíe a Sus obreros. Y nosotros mismos,
los que rezamos, debemos hacernos obreros Suyos también. Decir amén
al final de nuestras oraciones no es todo lo que debemos hacer.
Mis queridos hermanos creyentes, los justos que rezan por esto
deben ir primero a la mies como obreros de Dios. Debido a que nuestros
corazones anhelan hacer la obra de Dios, hemos rezado por ella,
y porque conocemos su obra, hemos rezado por esta misión. Aquellos
cuya fe es mayor que la de los demás no sólo rezan sino que van
a la mies a hacer la obra de Dios. Y mientras hacen esto, ganan
un nuevo obrero de Dios. Queridos hermanos, esta época necesita
obreros de Dios desesperadamente. Hay mucha gente en la Iglesia
de Dios que están más que capacitados para convertirse en Sus obreros.
Queridos hermanos, oremos a Dios: «Señor, por favor salva a estas
almas. Sálvalas de sus pecados antes de que sea demasiado tarde,
antes de que Tú vuelvas a este mundo. Rescátalos de las garras de
los mentirosos, Señor. Salva a estas almas como me has salvado a
mí». Así es como debemos rezar. Y nosotros mismos debemos convertirnos
en obreros de Dios y dirigirnos a su mies.
Dios quiere que vayamos allí proclamemos el Evangelio del agua
y el Espíritu. ¿Se haría la obra de Dios si nos quedásemos sentados
sin hacer nada? No se queden ahí sentados pensando que deberían
estar haciendo, sino levántense en el nombre de Jesucristo y vayan
a la mies. Esta es el modo de convertirse en obreros de Dios. Aún
hay muchos hombres y mujeres en el mundo que han sido llamados a
convertirse en obreros de Dios.
Dios nos dice que oremos para que envíe a Sus obreros y que vayamos
nosotros mismos a la cosecha. ¿Creen en esto? Amén. No se inventen
excusas que digan que no están preparados para ir a la mies, o cualquier
otro tipo de excusa para quedarse parados. Cualquier cosa que les
falte, se puede cubrir aprendiendo. Lo que es realmente importante
es que amen el Evangelio del agua y el Espíritu y sean capaces de
ver la condición en la que se encuentran otras almas, y que crean
que el fin de los tiempos y la era de la tribulación están cerca,
como se profetizó en la Palabra de Dios—se necesita gente con esta
fe. Y son estos los que deben levantarse para ser obreros de Dios.
Los obreros sabios deben levantarse. En el fin de los tiempos, necesitamos
obreros que puedan guiar al pueblo de Dios y alimentarlos del Pan
de vida.
En los tiempos del Diluvio de Noé, la gente sólo
bebía y comía, y al final perecía
Todos los pecadores están en el camino de la perdición. Es nuestra
responsabilidad salvarlos de los mentirosos. Necesitamos obreros
que ayuden a estas almas a recibir la remisión de los pecados predicando
el verdadero Evangelio y alimentándolos con la Palabra de Dios adecuada
a nuestros tiempos.
¿Van a ocupar sus mentes con las cosas mundanas que acabarán pereciendo,
como si fueran a vivir cientos de años? Este mundo no existirá por
siempre jamás.
Hace unos años, un terremoto devastó la ciudad Japonesa de Kobe.
Cuando sus habitantes construían sus casas y vivían sus vidas, ninguno
de ellos pensaba que un desastre de estas magnitudes pudiera sobrevenir.
Habían decorado sus hogares, plantado bellos árboles por toda la
ciudad, y acicalado el paisaje, deseando vivir felices para siempre.
Pero un terremoto sacudió la ciudad de Kobe y fue devastada en un
abrir y cerrar de ojos.
¿Quién nos garantiza que nuestros hogares no serán sacudidos por
un terremoto como el que devastó Kobe? No piensen que están a salvo
de terremotos sólo porque no haya habido ninguno hasta ahora. Vivimos
bajo las mismas circunstancias. Tampoco deberían pensar que la posibilidad
de una guerra nuclear no es relevante ahora que la Guerra Fría se
ha acabado. Al contrario, está más cerca que nunca. Lo que intento
decirles es que no sean tan confiados y satisfechos de sí mismos
como para ignorar estos peligros y permanecer insensibles a ellos.
Más bien, como el hambriento Sócrates, deben saber de dónde vienen
y adónde van, por qué viven, y para qué deberían vivir, y deben
hacerlo preparados para comparecer ante Dios.
Queridos hermanos, no pongamos nuestras esperanzas es este mundo,
como si fuéramos a vivir cientos de años. Si los justos tienen suficiente
comida y bebida, si sus necesidades básicas están satisfechas, entonces
ustedes, como los hombres y mujeres justos que viven en los últimos
días, deberían hacer lo mismo como obreros de Dios. Si de verdad
creen en las advertencias de Dios sobre los últimos días, deben
levantarse y trabajar para Dios, como Noé cuando construyó su arca.
Necesitamos obreros de Dios para trabajar con nosotros y estar del
lado de Dios, no del lado de la gente del mundo que se burlan y
se ríen de nosotros.
En nuestra Iglesia hay muchos obreros. Dios nos ha enviado muchos.
Siempre he rezado a Dios para que nos mandase obreros, y así Dios
ha respondido a mis plegarias y nos ha mandado muchos obreros. Queridos
hermanos, ahora es la hora de responder a la llamada de Dios. Dios
les está llamando a ser Sus obreros. Contesten a Su llamada humildemente,
diciendo: «Sí, Señor. Aunque no tenga talento y no está capacitado,
te obedeceré e iré. Envíame, Señor». Dios llama a estos obreros.
¿Hay algún justo que crea que no puede ser obrero de Dios por sus
debilidades? ¿Aman al Señor con todo su corazón? ¿Y aman el Evangelio
del agua y el Espíritu? ¿Creen que esta era esta cerca de la Gran
Tribulación? Entonces deben contestar a la llamada de Dios.
Deben aparecer muchos obreros que puedan dedicar toda su vida al
Señor, y que también le puedan servir con sus bienes materiales.
Mis queridos hermanos, ¿no quieren trabajar con la Iglesia de Dios?
¿Desean sus corazones hacer la obra de Dios con Su Iglesia? Entonces,
hagamos todos la obra de Dios juntos. Esta obra nunca es en vano.
Si sólo trabajásemos un poco, si nos dedicásemos un poco al Señor,
si sólo intentásemos hacer un poco, podríamos ganar con la fe a
muchas almas que son mucho más preciadas que todo el mundo. Y cuando
estas almas hayan crecido y salgan a predicar el Evangelio a otras
almas, ganaremos aún más almas. Estas obras espirituales les darán
más satisfacción, miles y millones de veces más que cualquier obra
mundana que hagan.
A los ojos de Dios, los siervos más sabios en los últimos días,
los santos más sabios en la era de las tribulaciones son los que
predican el Evangelio del agua y el Espíritu a todo ser humano creado
a imagen y semejanza de Dios. Y estos son los que alimentan a las
almas con el alimento espiritual. Les alimentan con la Palabra del
Evangelio del agua y el Espíritu, la Palabra de la Verdad. Estos
santos son sabios. Y nuestro Señor está buscando a estos santos
en esta era del fin de los tiempos.
Nuestro Señor está buscando estas almas especialmente en esta era,
cuando la venida de nuestro Señor está cerca. Dios está buscando
obreros que contesten a Su llamada. Cuando nuestro Señor vuelva
a este mundo y vea a los obreros que están haciendo Su obra fielmente,
nos llamará «buenos y fieles siervos» y nos confiará más obras,
nos recompensará y conferirá Su gracia.
Sin embargo, si alguien dice, aún sabiendo que el fin está cerca,
«Pero el Señor tardará aún en venir. La gente lleva diciendo que
la venida del Señor es inminente desde hace mucho tiempo, pero todavía
no ha venido, por eso estoy seguro de que se retrasará». Y si se
pasa el rato bebiendo y comiendo con los amigos, aún cuando el Señor
está cerca, cuando el Señor vuelva, llamará pecador a este siervo
y le asignará su suerte con los hipócritas. El Señor dijo: «Así
será a la consumación del mundo; saldrán los ángeles y separarán
a los malos de los justos, y los arrojarán al horno de fuego; allí
habrá llanto y crujir de dientes» (Mateo 13, 49-50). Sin duda
separará al malo de los justos y arrojará a aquel fuera del Reino
de Dios.
Esta no es mi palabra, sino la Palabra de Dios. Pasemos a Mateo
24, 44-51 para ver esto: «Por eso vosotros habéis de estar preparados,
porque a la hora que menos penséis vendrá el Hijo del hombre. ¿Quién
e, pues, el siervo fiel y prudente, a quien constituyó su amo sobre
la servidumbre para darles provisiones a su tiempo? Dichoso el siervo
aquel a quien, al venir su amo, hallare que hace así. En verdad
os digo que le pondrá sobre toda su hacienda. Pero si el mal siervo
dijera para sus adentros: Mi amo tardará, y comenzare a golpear
a sus compañeros y a comer y beber con borrachos, vendrá el amo
de ese siervo el día que menos lo espera y a hora que no sabe, y
le separará y le asignará su suerte con los hipócritas; allí habrá
llanto y crujir de dientes».
Nuestro Señor define al siervo «fiel y prudente» como el que da
alimento espiritual a Su servidumbre a su tiempo cuando el Señor
le hizo encargado de Su casa.
Dichoso el siervo aquel a quien, al venir su amo, hallare alimentado
a su rebaño con la Palabra de Dios. El Señor les concederá el derecho
a ir al Cielo a estos buenos y fieles siervos.
Por el contrario, Él define a un siervo malo como aquel que no
cree en Su inminente venida, y así, al no temer a su amo, empieza
a golpear a sus compañeros y a beber y a comer con los borrachos.
Pero el Señor vendrá con toda seguridad el día que menos lo espera
y a la hora que no sabe, y le separará y le asignará su suerte con
los hipócritas. Y el mal siervo será arrojado a las tinieblas; allí
habrá llanto y crujir de dientes.
No hay persona más malvada ante los ojos de Dios que aquel que
a pesar de haber nacido de nuevo, no se cuida de otras almas, sino
que se mezcla con la gente del mundo, come y bebe con ellos, y así
se emborracha. Aquellos que no viven por el Evangelio, aún habiendo
recibido la remisión de los pecados, son peores que los que no han
recibido la remisión de los pecados. El Señor los separará en dos
grupos. Les dirá: «¡Salid de aquí! No os necesito. Os merecéis ser
echados al infierno. Gente malvada como vosotros no puede vivir
conmigo». Entonces los echará a todos.
Mi queridos hermanos, una vez los pecadores han recibido la remisión
de los pecados y se han convertido en justos, hay una razón por
la que los recién nacidos de nuevo deben vivir por este Evangelio
del agua y el Espíritu. ¿Creen que la era de la Gran Tribulación
está cerca? Si creen, entonces deben saber que sin duda se levantarán
muchos obreros que dejarán de lado las cosas del mundo. Estos son
los que se convertirán en obreros de Dios. Para convertirse en siervos
prudentes, creen en el fin de los tiempos, dejan de lado las cosas
del mundo, se niegan a sí mismos y se presentan ante el Señor.
No estoy diciendo que deban deshacerse de todos sus asuntos mundanos
ahora mismo. Sólo deben hacerlo los nacidos de nuevo que quieran
dedicar su vida entera a la obra de Dios. Si los justos creen de
verdad en la Palabra, entonces también creen que es el principio
de la hambruna y de los terremotos, es el tiempo en que las naciones
se enfrentarán y se declararán la guerra unas a otras. Y si realmente
creen en Su inminente venida, querrán hacerse obreros de Dios voluntariamente
para difundir el Evangelio en esta era.
¿Tienen esta fe? Entonces deben deshacerse de su conexión con el
mundo. Busquen el consejo de los líderes espirituales y dejar atrás
sus lazos con el mundo. Pero deben hacer esto por fe: «todo lo
que no viene de la fe es pecado» (Romanos 14, 23).
Mis queridos hermanos, aún cuando sus corazones deseen vivir para
el Señor, y tengan los medios materiales y la salud necesarios,
están todavía dudando: «Pero todavía necesito mis bienes materiales,
ahora más porque el fin de los tiempos está cerca y tengo que estar
preparado». Pero nunca podrán disfrutar todos sus bienes materiales.
Guarda unos pocos para tu uso personal, y dedica el resto al Señor.
Se preguntarán: «Pensé que el Reverendo Jong nunca diría nada así.
¿Cómo puede decir esto tan directamente?». Pero queridos hermanos,
les sigo pidiendo que den sus tesoros al Señor. Dios los aceptará
con alegría. Y los usará como Sus instrumentos. Normalmente no les
hablo de esto. Pero si me preguntan que es lo que mi corazón siente,
les diré: «Deben deshacerse de sus bienes mundanos». Pero también
añadiría una importante condición, que sólo lo hagan los que quieran
servir al Señor.
Aquellos de ustedes que tengan trabajo, trabajen diligentemente.
Los justos que no vayan a la mies como trabajadores a tiempo completo
deben trabajar diligentemente en sus propios trabajos y financiar
el ministerio con su producto. Deben apoyar a la Iglesia con todo
el apoyo material que puedan para que el Evangelio se pueda difundir.
Sean fieles a esta tarea con toda su vida, tal y como está escrito:
«Se fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida» (Apocalipsis
2, 10).
Y aquellos que quieran dedicar sus vidas al ministerio y vivir
sólo para el Evangelio, dejen que los diáconos se encarguen de sus
necesidades materiales y dedíquense completamente a difundir la
Palabra y a predicar el Evangelio. Si quieren ser este tipo de obreros,
consulten a sus líderes espirituales, y si es posible desháganse
de sus asuntos mundanos. Cuando digo sus «líderes espirituales»,
estoy seguro de que no los confundirán con los pastores de este
mundo que no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, y que
por tanto no han nacido de nuevo.
Si me preguntan: «¿Cómo debo vivir?» esto es lo que les diré con
sinceridad, porque les servirá de mucho. Y creo que es esta gente
será apreciada por el Señor, y vivirán una vida fructífera y digna
en el fin de los tiempos.
Confío y creo en la Palabra de Dios. No puedo confiar en mí mismo.
Así que nunca confío en mí mismo, sino que me niego a mí mismo.
Mis queridos hermanos, ¿es esta la era de las tribulaciones? Por
supuesto que sí. Esto significa que estamos acercándonos inevitablemente
al fin del mundo. Debemos vivir de acuerdo con esta circunstancia.
Nosotros, los santos nacidos de nuevo, debemos ajustarnos a las
circunstancias de esta época.
Todo el mundo dice que estamos en la era de la globalización. Pero
renovarse no es ajustarse a esta nueva era de la globalización.
Ahora que la protección del medio ambiente es de suma importancia,
separar la basura en desechable y reciclable no es vivir una vida
nueva. Sólo cuando vivimos por el Evangelio nos convertimos en gente
nueva, preparada para estos nuevos tiempos. Cuando los tiempos han
cambiado y la era de las tribulaciones está encima, no debemos poner
nuestros corazones en este mundo, como antes, como si fuéramos a
vivir cientos de años.
Debemos ser los obreros que cosechan. Es hora de que se deshagan
de sus lazos con el mundo. Una vez más repito que no todo el mundo
debe hacerlo. Sólo los que aman de verdad a otras almas y anhelan
dedicar sus vidas a la obra del Señor, deben deshacerse de las relaciones
con el mundo. Y cuando lo hagan y sirvan al Señor, sus vidas serán
dignas y fructíferas.
Mis queridos hermanos, no se preocupen por sus hijos. Sus hijos
no pasarán hambre porque sirvan al Señor. No se preocupen. Déjenme
que lo aclare: no estoy diciendo que abandonen a sus hijos y sus
hogares. Lo que estoy diciendo es que sirvan primero al Evangelio
y cuiden de la Iglesia de Dios. Les estoy pidiendo, en otras palabras,
que vivan por el Evangelio en esta era de tribulaciones hasta el
día en que vuelva el Señor. Nuestro Señor nos alienta diciendo:
«Buscad, pues, primero el reino y su justicia, y todo eso se
os dará por añadidura» (Mateo 6, 33). Creo que si realmente
creen que estamos en la era de las tribulaciones, muchos obreros
se levantaran de entre ustedes.
Dios está buscando siervos fieles. Está buscando obreros que prediquen
fielmente el Evangelio. Jesús dijo: «La mies es mucha pero los obreros
son pocos». Por eso el Señor nos dijo que rezásemos para que enviase
obreros, y que nosotros mismos, los que rezamos, fuéramos a cosechar
la mies.
Doy gracias a nuestro Dios. Doy gracias al Señor de los justos
que nos permite identificar los tiempos en que nos encontramos,
nos enseña y nos guía, para que podamos servir al Evangelio en el
fin de los tiempos. Oremos para que Dios nos envíe obreros. Pidámosle
que nos permita trabajar con ellos.
Oremos sin cesar para que Dios nos envíe estos obreros y nos deje
hacer Su obra con fe. ¡Aleluya!
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