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Dos Basas de Plata y Dos Espigas por
Cada Tabla del Tabernáculo
< Éxodo
26:15-37 >
“Y harás para el tabernáculo tablas de madera de
acacia, que estén derechas. La longitud de cada tabla será de diez
codos, y de codo y medio la anchura. Dos espigas tendrá cada tabla,
para unirlas una con otra; así harás todas las tablas del tabernáculo.
Harás, pues, las tablas del tabernáculo; veinte tablas al lado del
mediodía, al sur. Y harás cuarenta basas de plata debajo de las
veinte tablas; dos basas debajo de una tabla para sus dos espigas,
y dos basas debajo de otra tabla para sus dos espigas. Y al otro
lado del tabernáculo, al lado del norte, veinte tablas; y sus cuarenta
basas de plata; dos basas debajo de una tabla, y dos basas debajo
de otra tabla. Y para el lado posterior del tabernáculo, al occidente,
harás seis tablas. Harás además dos tablas para las esquinas del
tabernáculo en los dos ángulos posteriores; las cuales se unirán
desde abajo, y asimismo se juntarán por su alto con un gozne; así
será con las otras dos; serán para las dos esquinas. De suerte que
serán ocho tablas, con sus basas de plata, dieciséis basas; dos
basas debajo de una tabla, y dos basas debajo de otra tabla. Harás
también cinco barras de madera de acacia, para las tablas de un
lado del tabernáculo, y cinco barras para las tablas del otro lado
del tabernáculo, y cinco barras para las tablas del lado posterior
del tabernáculo, al occidente. Y la barra de en medio pasará por
en medio de las tablas, de un extremo al otro. Y cubrirás de oro
las tablas, y harás sus anillos de oro para meter por ellos las
barras; también cubrirás de oro las barras. Y alzarás el tabernáculo
conforme al modelo que te fue mostrado en el monte. También harás
un velo de azul, púrpura, carmesí y lino torcido; será hecho de
obra primorosa, con querubines; y lo pondrás sobre cuatro columnas
de madera de acacia cubiertas de oro; sus capiteles de oro, sobre
basas de plata. Y pondrás el velo debajo de los corchetes, y meterás
allí, del velo adentro, el arca del testimonio; y aquel velo os
hará separación entre el lugar santo y el santísimo. Pondrás el
propiciatorio sobre el arca del testimonio en el lugar santísimo.
Y pondrás la mesa fuera del velo, y el candelero enfrente de la
mesa al lado sur del tabernáculo; y pondrás la mesa al lado del
norte. Harás para la puerta del tabernáculo una cortina de azul,
púrpura, carmesí y lino torcido, obra de recamador. Y harás para
la cortina cinco columnas de madera de acacia, las cuales cubrirás
de oro, con sus capiteles de oro; y fundirás cinco basas de bronce
para ellas.”

El Tabernáculo mismo fue construido con 48 tablas,
veinte tablas para los lados norte y sur, seis tablas para el lado
oeste, y dos tablas para las esquinas traseras. Cada tabla media
4.5 m de largo y 67.5 cm aproximadamente de ancho. Para que cada
tabla se sostuviera, había dos basas de plata y dos espigas que
encajaban correctamente. Esto nos muestra que la salvación de Dios
es dada solo por Su gracia a través de la fe en Cristo.
Salvación por Gracia A Través
de la Fe en Cristo
La mayoría de los Cristianos conocen y aún recitan
el famoso pasaje de Efesios 2:8-9, “Porque por gracia
sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don
de Dios; 2:9 no por obras, para que nadie se gloríe.” Pero desgraciadamente,
ellos no saben exactamente lo que es Su gracia y que clase de fe
deben tener para ser salvos. Sin embargo, el misterio delas dos
basas de plata y de las dos espigas que encaban correctamente muestra
claramente el misterio de la salvación de Dios.
Para que nosotros nos demos cuenta de esta verdad
de “las dos espigas y de las dos basas” colocados en las bases de
las tablas, necesitamos primero conocer la verdad básica del evangelio.
Todas las puertas del Tabernáculo estaban tejidas con los hilos
azules, púrpura y escarlata y el fino lino tejido. Estos cuatro
colores nos muestran que para que nosotros seamos salvos de nuestros
pecados y destrucción, el bautismo y la sangre de Jesús eran necesarios.
Y ellos nos permiten creer en la verdad de la salvación de Jesús,
libre de cualquier duda. Debemos tener un conocimiento claro de
la verdad que nos ha salvado, manifestada en los hilos azules, púrpura
y escarlata y el fino lino tejido, y creerlo.
Jesús dijo, “Y conoceréis la verdad, y la
verdad os hará libres” (Juan 8:32). Como tal, todos debemos
recibir la perfecta remisión de nuestros pecados conociendo la verdad
espiritual que está escondida en los cuatro colores manifestados
en la puerta del Tabernáculo y en el velo del Lugar Santísimo. Hilos
azules, púrpura y escarlata y el fino lino torcido son los materiales
de la puerta del Tabernáculo.
En otras palabras, Jesucristo es nuestro Salvador
y el Rey de aquellos que creen, Él quién de una sola vez nos salvó
de los pecados del mundo siendo bautizado por Juan y tomando todos
nuestros sobre Su propio cuerpo de una vez por todos, y cargando
los pecados del mundo y derramando Su sangre sobre la Cruz. Jesucristo,
quién es el Rey, ha podido definitivamente salvarnos de nuestros
pecados debido que Él fue bautizado y crucificado. Por lo tanto,
los hilos azules y escarlatas nos hablan de la verdad cierta y clara
que no puede ser abandonada por nosotros para poder ser salvos.
Para tomar nuestros pecados, Jesús fue bautizado por Juan, y por
cargar los pecados del mundo y por derramar Su sangre sobre la Cruz,
Él nos ha salvado de una vez por todas de todos nuestros pecados,
así completó Su obra de salvación.
Aquí, debemos creer que estos cuatro puntos, el hilo
azul (el bautismo de Jesús), el hilo escarlata (Su sangre derramada),
el hilo púrpura (Él es nuestro Rey), y el lino torcido (Él es el
Dios de la Palabra elaborada, que nos ha hecho justos) son los materiales
usados para nuestra salvación. Debemos darnos cuenta que si nosotros
a pesar de esto, tratamos de ser salvos creyendo en solo uno de
estos, entonces tal salvación no será completa. ¿Por qué? Porque
en la base de cada tabla del Tabernáculo, había dos espigas que
salían para ser unidas en las basas de plata que daban apoyo a las
tablas.
La plata en la Biblia denota la gracia de Dios, el
regalo de Dios. Y en Romanos 5:1-2 está escrito, “Justificados,
pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro
Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a
esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza
de la gloria de Dios.” Nuestra salvación nos puede ser otorgada
solo cuando nuestra fe se encuentra correctamente con la gracia
de Dios. Al igual que había dos espigas en la base de cada tabla
del Tabernáculo, y estas dos espigas encaban en las dos basas de
plata para sostener la tabla, Dios nos está diciendo que nuestra
salvación es completada solo cuando de igual manera creemos en ambos
el bautismo de Jesús y en la sangre de la Cruz.
Todos nosotros teníamos que creer en la razón y en
las sustancias actuales del porque cada tabla tenía dos espigas
protuberantes.
Estas dos basas y estas dos espigas de la tabla son
la sombra del evangelio del agua y el Espíritu, que en la era del
Nuevo Testamento Jesucristo vendría, seria bautizado por Juan el
Bautista, derramaría Su sangre y moriría sobre la Cruz, y de esta
manera completaría totalmente nuestra salvación.
La gracia de la remisión del pecado, en otras palabras,
solo es derramada sobre los corazones de aquellos que realmente
creen en la justa salvación que Jesús completó siendo bautizado
por Juan y derramando Su sangre sobre la Cruz para borrar sus pecados.
Como tal, para que nosotros seamos salvos de nuestros pecados, necesitamos
la fe que cree en estas dos obras de Jesús. De hecho, todo en el
Tabernáculo provee un retrato detallado de Jesús quién nos ha salvado
de nuestros pecados. No fue sin razón que el Señor hiciera que los
Israelitas usaran dos espigas y dos basas de plata para cada tabla
del Tabernáculo.
Hemos sido salvados y liberados de todos nuestros
pecados y de toda la condenación del pecado totalmente a través
de las obras del bautismo y el derramamiento de sangre que Dios
nos ha dado. En otras palabras, es creyendo en el evangelio del
agua y el Espíritu que hemos recibido el derecho de convertirnos
en hijos de Dios. Nuestra fe que es como oro puro ha sido construida
recibiendo este regalo de Dios.
¿Continuas sin Saber Quién
Eres Realmente Aunque Crees en Jesús?
¿Ustedes se consideran Buenos? ¿Creen que por ustedes
mismos tienen un carácter justo que no puede tolerar para nada ninguna
injusticia, bajo ninguna circunstancia o forma? ¿Piensas que de
alguna manera eres justo ante Dios, tan solo porque guardas los
mandamientos de Dios en tu corazón diariamente y tratas de obedecer
y de actuarlos en tu vida? Todo lo que estas haciendo es pretender
ser justo, mientras cometes adulterio y fornicación en privado.
En la actualidad, cientos de canales están disponibles
para ver TV del cable o del satélite. Las 24 horas del día, estos
canales transmiten sus propios programas especiales y los alimentan
continuamente. Entre estos canales, los más exitosos comercialmente
son los canales-especiales, por sobre todos, los canales de adultos.
Existen muchos de estos canales en donde toda clase de material
pornográfico está disponible para ser visto, simplemente pasando
a través de los canales. ¿Y que me dice de los sitios de red pornográficos?
Y que decir, de la inundación de correo spam pornográfico que esta
llenando el mundo. Todos lamentan la maldad de estos sitios de red
obscenos, pero cuando pensamos acerca de “la ley de la oferta y
la demanda,” su éxito solo puede significar que innumerable gente
en la actualidad disfruta tales sitios de red en su privacidad.
Este fenómeno nos muestra que nosotros los seres humanos
somos fundamentalmente corruptos y obscenos. La Biblia señala los
corazones pecaminosos de la humanidad al referirse a la fornicación,
los adulterios y la lascivia. Dios dijo que estas cosas salen de
los corazones de la gente y los contaminan, y que estos claramente
son pecados. Entonces, ¿estamos llenos de pecado? Dios dijo repetidamente
que las propiedades intrínsecas a nosotros están llenas de pecado.
Pero, ¿realmente admitimos esto? ¿Cómo es esto? ¿Podemos
escapar de la propiedad del pecado que es intrínseco a nosotros
cerrando nuestros ojos y cubriendo nuestros oídos? No podemos evitar
cometer toda clase de pecados con la imaginación de nuestra mente
y de nuestros pensamientos. No importa cuanto nos digamos a nosotros
mismos que tenemos que alejarnos de tales pecados, y no importa
cuan duro tratemos de hacerlo, todo es en vano. De hecho, nuestra
carne es tal que no solo no podemos llegar a ser santos perfectos
que no cometen pecado carnal, sino que ciertamente tenemos afinidad
con el pecado sin ningún deseo de alejarnos de el. La carne y el
corazón de la humanidad siempre están alejados de las cosas que
son santas, y es un hecho, aún mayor, no solo desean estar más cerca
del pecado, sino que quieren cometer pecados aún mayores.
En el Oriente, muchos aprenden las enseñanzas de Confucio
desde su nacimiento, así que se esfuerzan muy duro para poner estas
enseñanzas en practica. Por otra parte, en el Occidente el Catolicismo
o las iglesias Cristianas legalistas han dominado el horizonte religioso,
y muchos Occidentales han tratado muy duro de guardar la Ley de
Dios, pensando que pueden ser cada vez más santos mientras se sigan
esforzando más y más. Pero no importa cual sea su antecedente religioso,
cuando se ponen delante de Dios y sus verdaderas identidades son
descubiertas, son todos masas de pecados y semillas de maldad por
igual.
Los seres humanos son injustos, llenos de defectos
y masas de pecado hechos de polvo y tierra. Aún la gente aparentemente
buena cuyas obras no son hechas por el reconocimiento sino que salen
de corazones sinceros, y quienes hasta se incomodan cuando reciben
cualquier alabanza, no pueden escapar del hecho de que cuando su
esencia fundamental se refleja ante Dios, ellos son masas de pecado
y semillas de hacedores de maldad. Debido a que atribuirse justicia
en la humanidad es una gran maldad ante Dios, la gente no puede
escapar de la condenación del pecado a menos que reconozcan su castigo
y acepten el evangelio del agua y el Espíritu, el amor de Dios.
Ante Dios, los esfuerzos humanos no pueden traducirse en bondades,
ni siquiera pequeños como el polvo, y la voluntad humana es solo
inmundicia ante Él.
En la Biblia, frecuentemente se les asocial con la
madera a los seres humanos. Un tronco de madera de acacia no puede
levantarse por si mismo en la entrada del Templo de Dios a no ser
que primeramente Dios los recubra de oro. Y sin la gracia de la
salvación dada por Dios, la gente no es más que polvo que no puede
mas que encarar el juicio de fuego.
Sin embargo, Dios elimina todos nuestros pecados y
transgresiones al hacer que Jesucristo el Mesías recibiera el bautismo
y derramara Su sangre hasta la muerte, aún mientras que tan solo
éramos pecadores. Tal salvación fue profetizada en detalle por el
Rey David aproximadamente 1,000 antes de que llegara el Mesías:
“Cuanto está lejos el oriente del occidente, Hizo
alejar de nosotros nuestras rebeliones. Como el padre se
compadece de los hijos, Se compadece Jehová de los que le
temen. Porque él conoce nuestra condición; Se acuerda
de que somos polvo.” (Salmo 103:12-14).
Antes de que conociéramos la justicia de Dios, la
justicia de la humanidad había sido nuestro estándar de vida. Yo,
también, fui así cuando no conocía el regalo de la salvación de
Dios y no tenía fe en Su Palabra. De hecho, no tenía ninguna justicia
en mí, pero aún pensaba que yo era decente. Así que desde mi niñez,
hubo muchas ocasiones en las que yo no podía tolerar la injusticia
y me peleaba con gente para la cual no era ni siquiera rival. “Vive
una vida justa” fue mi lema. Así, debido a que falle en verme a
mí mismo ante Dios, estaba lleno de mi propia justicia. Así que
yo me consideraba mejor que otros y me esforzaba por vivir justamente.
Pero tal gente como yo mismo no era sino masas de
pecado ante la justicia de Dios. Yo era alguien que no podía ni
siquiera guardar uno de los Diez Mandamientos o de las 613 leyes
que Dios nos ordenó guardar. El hecho que yo tenía la voluntad para
guardarlos era en sí mismo un hecho de injusticia que se revelaba
contra la Palabra de Dios que me declaraba que era completamente
incapaz de hacer algo sino pecar, y eso se oponía a Él. Toda la
justicia de la humanidad es tan solo injusticia ante Dios.
Esta generación, que ha perdido a Dios y a Su Ley
entre la corriente de lascivia y corrupción, también ha perdido
todo sentimiento de culpa. Sin embargo, tenemos que reconocer que
nosotros los seres humanos no podemos evitar pecar cada día y que
por lo tanto estamos condenados al infierno sin excepción.
Hemos Sido Injustos y Llenos
de Pecado, Pero el Señor Ahora Nos Ha hecho Su Propio Pueblo Salvándonos
de Nuestros Pecados con el Evangelio del Agua y el Espíritu
Todos éramos injustos, pero a través del regalo de
salvación, el Señor ha salvado a personas como nosotros de todos
sus pecados. Cada tabla del Lugar Santo, medía 4.5 m de altura y
67.5 cm de ancho, estaban hechas de madera de acacia recubierta
con oro y levantadas como las dos paredes del Lugar Santo. Bajo
cada tabla, dos basas de plata se colocaban para sostener la tabla.
Aquí las basa de plata manifiestan que Dios nos ha salvado a ti
y a mí totalmente por Su cuenta.
La verdad Dios nos ha salvado del pecado y este es
Su amor, el que Jesucristo vino a esta tierra y fue bautizado para
tomar nuestros pecados, llevó la condenación de nuestros pecados
muriendo sobre la Cruz, y de esta manera nos ha salvado de todos
los pecados del mundo y de toda la condenación. Creyendo en el regalo
de la salvación que Él nos ha dado, hemos nacido de nuevo. Este
regalo de la salvación que el Señor nos ha dado es incorruptible
como el oro, así que permanece eternamente.
La salvación que el Señor nos ha dado esta hecha del
bautismo y la sangre de Jesús, total y limpiamente ha borrado todos
nuestros pecados. Se debe a que el Señor nos ha salvado de todos
nuestros pecados que tú y yo hemos sido totalmente liberados de
todos nuestros pecados que cometemos con nuestras mentes, con nuestros
pensamientos y con nuestras obras reales. Creyendo con el corazón
en el regalo de la salvación que Dios nos ha dado, hemos llegado
a ser Sus preciosos santos. A través de las dos basas que sostenían
cada tabla del Tabernáculo, Dios nos está hablando de la salvación
del agua y el Espíritu. Dios nos está diciendo que es 100 por ciento
Su gracia y regalo el nos hayamos convertido en Sus hijos.
Si eliminamos nuestra fe en el bautismo y la sangre
de Jesús, entonces no existe nada que permanezca en nosotros. Todos
hemos sido seres que estábamos destinados a ser condenados por el
pecado. Hemos sido simples mortales que estábamos destinados a estremecernos
ante nuestra certera muerte de acuerdo a la ley de Dios la cual
declara que la paga del pecado es muerte, quienes estaban por darse
cuenta y a lamentarse sobre el justo juicio de fuego que nos esperaba.
Es por eso que no somos nada si quitamos nuestra fe en el evangelio
del agua y el Espíritu.
Ahora vivimos en una era que esta impregnada por el
pecado, nunca debe olvidar que nuestro destino era tan solo el de
esperar por el juicio de fuego. Éramos esos seres mortales. Sin
embargo, la gracia de Dios ha sido otorgada sobre nosotros totalmente
debido a que Él nos ha dado la salvación del agua y el Espíritu.
El Mesías vino a esta tierra, fue bautizado por Juan, derramó Su
sangre y murió sobre la Cruz, se levantó de entre los muertos, de
esta manera nos ha salvado de todos nuestros pecados, toda nuestra
injusticia, y toda nuestra condenación. Al creer en este evangelio
perfecto del agua y el Espíritu, ahora hemos sido salvos de todos
los pecados, y tan solo podemos dar gracias a Dios con nuestra fe.
Aunque somos insuficientes en la carne, nuestros trabajadores,
ministros y yo estamos predicando este evangelio del agua y el Espíritu
por todo el mundo. Aunque esta era es una era corrupta, debido a
que creemos en el evangelio del agua y el Espíritu, hemos sido capaces
de servir puramente al Señor, libres de cualquier maldad. El que
hayamos llegado a tener esta mente no se debe a nuestro propio poder,
sino a que el Señor nos ha dado santidad al vestirnos en Su gracia
de la salvación.
Se debe a que el Señor nos ha salvado perfectamente
del pecado y de la condenación que hemos sido vestidos en el poder
de esta salvación, y es totalmente por esto que hemos sido capaces
de servir al Señor puramente. Debido a que el Señor nos ha salvado
de todos nuestros pecados con el agua y el Espíritu, yo creo que
podemos servirle a Él a pesar de nuestras insuficiencias, ya no
más atados por nuestros pecados, limitaciones y condenación.
El que Yo Sea lo que Soy
es Absolutamente por la Gracia de Dios
Verdaderamente, todas estas cosas son imposibles de
hacerse si no fuera por la gracia de nuestro Señor. Proclamar el
evangelio del agua y el Espíritu por el mundo entero y el servir
este evangelio con pureza no habría sido posible si no fuere por
la gracia de la salvación del Señor. Es 100 por ciento por gracia
de la salvación que Dios nos ha dado para que tú y yo seamos capaces
de vivir nuestras vidas defendiendo y sirviendo el evangelio.
Hemos llegado a ser los pilares del Templo de Dios
(Apocalipsis 3:12) y la gente de Su Reino por fe. Debido a que el
Señor nos ha dado una fe de oro, ahora vivimos en la Casa de Dios.
En esta era en que el mundo está inundado y ahogándose en el pecado,
en una era en la que la mayoría de la gente se olvida o hasta blasfema
a Dios, nosotros hemos sido lavados con agua transparente y hemos
llegado a estar limpios, y hemos sido capaces de beber esta agua
transparente y de servir al Señor con pureza –las palabras no pueden
expresar cuan profundamente agradecido estoy yo por esta bendición.
Ciertamente es así como es nuestra fe. ¿Cómo hemos
llegado a ser justos? ¿Cómo hemos sido capaces de llamarnos a nosotros
mismos justos cuando no existe justicia en nosotros? ¿Cómo hemos
llegado a estar limpios tales seres tan pecaminosos como tú y como
yo? ¿Podrías haber llegado a ser limpio y justo por la justicia
de tu carne? Los pensamientos de la carne, tus propios esfuerzos
y tus propias obras -¿alguna de estas cosas podría hacerte limpio
y justo? ¿Podrías llegar a ser justo por la fe en la salvación de
Dios manifestada en los hilos azules, púrpura, escarlata y en el
lino torcido? ¿Podrías haber llegado a ser justo sin creer en tu
salvación a través del evangelio del agua y el Espíritu completado
por el Mesías y revelado en la Palabra de Dios? ¡Nunca lo habrías
logrado! Si solo crees en el hilo escarlata, nunca podrías llegar
a ser justos.
Debido a que Jesucristo, nuestro Salvador y Mesías,
cargó todos los pecados del mundo, incluyendo todos los pecados
de todo el tiempo de nuestras vida, a través del bautismo que Él
recibió de Juan para borrar todos los pecados en beneficio nuestro,
hemos llegado a ser justos por fe. Al igual que la ofrenda del sacrificio
del Antiguo Testamento llevó el pecado cuando los pecadores o el
Sumo Sacerdote imponían sus manos sobre su cabeza, en el tiempo
del Nuevo Testamento, Jesús aceptó todos los pecados del mundo pasados
sobre Él al ser bautizado por Juan. Ciertamente Jesús tomó todos
nuestros pecados a través de Su bautismo (Mateo 3:15). Y de Él dio
testimonio Juan diciendo “He aquí el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).
Habiendo recibido Su bautismo, Jesús vivió los siguientes
tres años de Su vida para nuestra salvación, terminando con todos
nuestros pecados y condenación al ir a la Cruz y dando Su propio
cuerpo a Dios, como una oveja mansa ante sus trasquiladores, y nos
ha dado nueva vida.
Se debe a que Jesucristo tomó nuestros pecados a través
del bautismo que Él recibió de Juan por lo que sé dio a Sí Mismo
calladamente y fue clavado en ambas manos y en ambos pies cuando
fue crucificado por los soldados Romanos. Colgado sobre la Cruz,
Jesús derramó toda la sangre que estaba en Su cuerpo. Y Él puso
el punto final a nuestra salvación diciendo, “Consumado es” (Juan
19:39).
Así, habiendo muerto, Él se levantó de entre los muertos
en tres días, ascendió al Reino del Cielo, y se ha convertido en
nuestro Salvador dándonos vida eterna. Cargando los pecados del
mundo a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista, y por
Su Cruz, resurrección y ascensión, Jesús se ha convertido en nuestro
perfecto Salvador. Así, la Biblia declara, “Pues donde
hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado” (Hebreos
10:18).
La Fe Solamente en la Sangre
de la Cruz y la Doctrina de Santificación Incremental Nunca Ha Salvado
Totalmente de los Pecados
Los Cristianos deberían saber que no pueden ser perfectamente
salvos de sus pecados creyendo solamente en la sangre de Jesús sobre
la Cruz. Debido a que la gente peca cada día con sus ojos y hechos,
ellos no pueden borrar sus pecados creyendo solamente en la sangre
de la Cruz. En la actualidad una de las iniquidades de mayor perversidad
que se comete en las vidas de la gente es la inmoralidad sexual.
Como una cultura de sexualidad explicita y obscena penetrada en
el mundo, este pecado esta grabado en nuestra carne. La Biblia ordena
no cometer adulterio, pero la realidad es que debido a las circunstancias
que los rodean, mucha gente termina cometiendo este pecado aunque
no quieran.
Dios declara que cualquiera que mire a una mujer con
lujuria ya ha cometido adulterio en su corazón (Mateo 5:28), y sin
embargo lo que nuestros ojos ven diario es todo obsceno. De esta
manera la gente esta cometiendo estos pecados de lascivia cada minuto
y cada segundo. Cuando esta es la situación, ¿cómo pueden santificarse
ofreciendo oraciones de arrepentimiento y entrar en el Reino de
Dios? ¿Cómo pueden llegar a ser justos? ¿Acaso sus corazones llegan
a ser justos cuando sé disciplinan si mismos durante mucho tiempo
y de alguna manera se santifican cuando llegan a viejos? ¿Su carácter
se vuelve manso? ¿Se hacen más pacientes? ¡Claro que no! Lo que
ocurre es exactamente lo contrario.
Entre las doctrinas Cristianas que prevalecen está
la “doctrina de la santificación incremental.” Esta doctrina sostiene
que cuando los Cristianos creen en la muerte de Jesús sobre la Cruz
durante mucho tiempo, hacen oraciones de arrepentimiento diariamente,
y sirven al Señor diariamente, entonces gradualmente llegan a ser
santos y de buen temperamento. Afirma, que entre mas tiempo pasa
y ya que comenzaron a creer en Jesús, más llegan a ser como alguien
que no tiene ya que ver con el pecado y cuyas obras son virtuosas,
y que para el tiempo que nos llega la muerte, llegaremos a estar
totalmente santificados y por lo tanto totalmente sin defecto.
Y también enseña que debido que hemos dado nuestras
oraciones de arrepentimiento todo el tiempo, hemos llegado a estar
limpios de nuestros pecados cotidianos, como cuando lavamos nuestra
ropa, y por lo tanto cuando al final morimos, podemos ir con Dios
como alguien que ha llegado a ser perfectamente justo. Existen muchos
que creen así. Pero esto es solo una especulación hipotética conjurada
por los pensamientos de los hombres.
Romanos 5:19 dice, “Porque así como por la desobediencia
de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también
por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.”
El pasaje nos dice que todos nosotros somos hechos sin pecado por
la obediencia de un Hombre.
Para que Jesucristo pudiera dar la salvación a Su
pueblo por la remisión de sus pecados se debió a que Él obedeció
la voluntad de Dios. Al obedecer la volunta de Dios como el Mesías,
Jesucristo ha derramado sobre nosotros la gracia de la salvación
a través de Su bautismo, Cruz y resurrección. Por lo tanto, al darnos
el regalo de la salvación, Jesús completó perfectamente la remisión
del pecado. Y ahora, por fe, hemos sido revestidos en la gracia
de esta salvación, ya que el Señor ha completado nuestra salvación
del pecado, la cual nunca se hubiese logrado por nuestros propios
esfuerzos.
Sin embargo, la mayoría de los Cristianos no creen
en el bautismo que Jesús recibió, sino que solo creen en la sangre
que Él derramó sobre la Cruz y tratan de llegar a ser santos a través
de sus propias obras. En otras palabras, aunque Jesús tomó todos
los pecados de la humanidad cuando Él fue bautizado por Juan, la
gente aún no cree en esta verdad. El capitulo 3 de Mateo nos dice
que la primer cosa que Jesús hizo en Su vida publica fue recibir
el bautismo de Juan. Esta es la verdad testificada por los cuatro
escritores de los evangelios.
Jesús tomó nuestros pecados al ser bautizado por Juan
el Bautista, el representante de la humanidad y el más grande entre
los nacen de mujer, y sin embargo existe mucha gente que ignora
este hecho y no creen. Tal gente cree en Jesús sin creer en Su bautismo,
y fervientemente alaba solamente la preciosa sangre de la Cruz que
Él derramó. Dolidos por la muerte de Jesús sobre la Cruz, sus emociones
se exaltan, y hacen toda clase de bullas en su alabanza, gritando,
“♫Existe un gran poder en la sangre. ♪¡Existe poder,
poder maravilloso que obra en la sangre del Cordero!♫” En
otras palabras, intentan ir a Dios impulsados por sus propias emociones,
vigor y fuerza. Pero debes darte cuenta que entre más lo hacen,
más hipócritas se vuelven, pretendiendo ser santos, pero en realidad
acumulan pecados en secreto en sus corazones.
¿Cómo podríamos creer en
Jesús como Nuestro Salvador sin Siquiera Conocer el Evangelio del
Agua y el Espíritu?
Cuando escuchamos gente hablando del Tabernáculo,
frecuentemente vemos que no tienen ni la menor idea de lo que hablan.
Cuándo se trata de creer en el Tabernáculo, ¿cómo podemos creer
en cualquier forma que consideremos cómoda y conveniente? Debido
a que la salvación del pecado que el Señor ha completad es muy elaborada,
Dios nos ha concedido darnos cuenta de cuán elaborada y cuan concretamente
ha sido completada nuestra salvación.
A través del Tabernáculo, también Él nos ha hecho
darnos cuenta que el Señor nos ha salvado con los hilos azules y
púrpura, el agua y la sangre. Llegamos a darnos cuenta que para
borrar nuestros pecados. El Señor vino “no mediante agua
solamente, sino mediante agua y sangre” (1 Juan 5:6). El agua,
la sangre y el Espíritu en lo que creemos son uno solo. Dios nos
ha salvado al venir en forma de hombre, siendo bautizado por Juan
el Bautista, muriendo y levantándose de entre los muertos.
A través del Tabernáculo, hemos sido capaces de descubrir
y creer en este retrato detallado de la salvación. Al estudiar las
dos espigas y las dos basas de plata de cada tabla, hemos llegado
a darnos cuenta del método por el cual Jesús nos ha salvado de nuestros
pecados. Y así hemos encontrado la verdad que ciertamente debemos
creer en los ministerios de Jesús manifestados en los hilos azules,
púrpura y escarlata.
Aparte de la Biblia, en ningún otro lado se puede
encontrar el origen de esta salvación. Necesitamos el regalo de
la salvación que está formado de estos dos elementos del bautismo
y la Cruz. Aquellos que creen en esta verdad entonces llegan a ser
los que nacen de Dios. Al liberarnos de nuestros pecados con el
agua y el Espíritu, Dios ha completado perfectamente nuestra salvación.
En otras palabras, las dos espigas fueron hechas bajo
cada tabla y conectadas con dos basas de plata. Esta verdad es absolutamente
necesaria y tremendamente importante para nosotros y para nuestra
remisión del pecado. Aún más critico, debemos creer en nuestra salvación
la que Dios ha completado para nosotros, ya que si no creemos en
la verdad de los hilos azules, púrpura y escarlata, nunca podremos
ser salvos.
Así como cada tabla del Santo Tabernáculo necesitaba
dos basas de plata para permanecer de pie, cuando se trata de creer
en Jesucristo, dos verdades de Su gracia son absolutamente necesarias.
¿Cuáles son? Son el que Jesús tomó nuestros pecados al ser bautizado,
y que Él llevó toda la condenación y las maldiciones de nuestros
pecados cargándolos hasta la Cruz y siendo crucificado. Quien sea
hecho justo solo puede hacerse cuando él/ella cree totalmente en
estas dos gracias de la salvación perfecta. Nuestra fe en ambos
el bautismo de Jesús y la sangre de la Cruz, los dos pivotes de
Su regalo de salvación, nos hacen estar firmes en la Casa de Dios.
Como las dos espigas fueron puestas en las dos basas de plata, cada
tabla podía permanecer erguida.
De esta manera, es por tener la fe correcta en los
dos pivotes de Su salvación el que seamos hechos verdaderamente
Su gente sin defecto. Creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu
y en la sangre dada por Jesús, recibimos una fe como el oro que
nunca cambia. Creyendo en este evangelio del agua y el Espíritu
manifestado en los hilos azules, púrpura y escarlata, y en el fino
lino torcido, llegamos a ser los santos que han recibido la salvación
de la perfecta remisión del pecado.
Teología Hasta Ahora y la
Era del Evangelio del Agua y el Espíritu
Excluyendo el periodo de la Primera Iglesia, desde
el edicto de Milán en 313 DC, el Cristianismo, incluyendo el Cristianismo
actual, ha estado esparciendo el evangelio de la Cruz que deja de
lado el bautismo de Jesús. Desde el periodo de la Primera Iglesia
al 313 DC, la cual legalizó el Cristianismo como la nueva religión
Romana, el Cristianismo predica el evangelio del agua y el Espíritu,
pero después de eso la Iglesia Católica Romana llegó a dominar la
escena religiosa. Entonces a partir de principios del siglo 14,
una cultura que centraba todo en pensamientos hombre y que llamó
a la restauración de la humanidad comenzó a surgir, primero en algunas
ciudades prosperas del norte de Italia. Esto fue el Renacimiento.
Para el siglo 16, la corriente de esta cultura que
comenzó en Italia se propago por todo el mundo occidental, y los
académicos que estudiaban el humanismo, filosofía hecha por hombres,
comenzó a estudiar teología. Interpretando la Biblia con sus propias
cabezas, comenzaron a construir doctrinas Cristianas. Pero debido
a que ellos no conocían la verdad, no podían entender la Biblia
sana y totalmente. Así que lo que no pudieron entender con sus cabezas,
lo hicieron incorporando su conocimiento y con sus pensamientos
seculares, de esta manera produjeron sus propias doctrinas Cristianas.
Como resultado, una multitud de doctrinas Cristianas
y de teologías se levantaron en la historia del Cristianismo: Luteranos,
Calvinistas, Arminianismo, Teología Nueva, Conservacionalismo, Racionalismo,
Teología Critica, Teología Mística, Teología de la Liberación, Teología
Feminista, Teología Negra, y aún Teología Atea, etc.,
La historia del Cristianismo pudiese parecer muy larga,
pero en realidad no lo es. Durante 300 años desde el periodo de
la Primera Iglesia, la gente podía aprender acerca de la Biblia,
pero esto fue seguido por la Edad Media, la era oscura del Cristianismo.
Durante esta era, el que los hombres leyeran la misma Biblia era
un crimen que se castigaba con la muerte cortándoles la cabeza.
No fue sino hasta 1700 cuando el viento de la teología comenzó a
soplar, y entonces pareció que el Cristianismo florecía en los años
de 1800 y 1900 ya que sus teologías crecían vibrantes y activas,
pero ahora, mucha gente ha caído en doctrinas místicas, creyendo
en Dios basados en sus propias experiencias personales. Pero a pesar
de la diversidad teológica, todas las ramas del Cristianismo carecen
de un común denominador de fe, esto es, solo creen en la sangre
de Jesús.
Pero, ¿es esta la verdad? ¿Cuándo creíste de esta
manera, tus pecados realmente desaparecieron? Pecas cada día. Pecas
cada día con tu corazón, pensamientos, actos y limitaciones. Entonces,
¿puedes ser redimido de estos pecados creyendo solamente en la sangre
que Jesús derramó sobre la Cruz? El que Jesús haya cargado con nuestros
pecados al ser bautizado y muriese sobre la Cruz es la verdad bíblica.
Sin embargo existe mucha gente que dice que sus pecados han sido
redimidos creyendo solamente en la sangre de la Cruz y ofreciendo
oraciones de arrepentimiento diariamente. ¿Fueron lavados los pecados
de tu corazón y de tu conciencia dando tales oraciones de arrepentimiento?
Esto es imposible.
Si ustedes son Cristianos, entonces deben conocer
y creer en la salvación de esta verdad, que Jesús vino a esta tierra
y tomó nuestros pecados del mundo al ser bautizado por Juan. A pesar
de esto, ¿continuas ignorando esta verdad, ni siquiera tratando
de conocerla, menos de creerla? Si es así, estas cometiendo el pecado
de burlarte de Jesús, de humillar y de despreciar Su nombre, y no
puedes decir que verdaderamente crees en Jesús como tú Salvador.
Al hacer de lado el bautismo de Jesús de esta salvación completada
por Jesucristo y creyendo en Él de la forma en la que tu quieres,
nunca podrás ser revestido con la gracia de la salvación.
Sin embargo muchos Cristianos no creen en esta verdad
como es, y es que Jesús ha borrado nuestros pecados, sino que en
vez de eso siguen sus propios pensamientos y creen cualquier verdad
torcida que quieren creer. En la actualidad, sus corazones se han
endurecido más y más por su equivocada fe doctrinal, creyendo que
sus pecados pueden ser borrados solamente creyendo en la sangre
de la Cruz.
Pero la respuesta de la salvación planeada por Dios
es como sigue. Podemos recibir la eterna remisión del pecado creyendo
en el bautismo de Jesús, Su muerte sobre la Cruz y Su resurrección.
Sin embargo un incontable número de gente que cree en Jesús eliminando
Su bautismo de esta verdad de la salvación, entendiendo y creyendo
equívocamente la siguiente ecuación como una ley inmutable: “Jesús
(la Cruz y Su resurrección) + oraciones de arrepentimiento + obras
virtuosas = salvación recibida a través de la santificación incremental.”
Aquellos que creen de esta manera solo están diciendo con sus labios
que ellos han recibido su remisión del pecado. Sin embargo, la verdad
es que realmente amontonan pecados que continúan sin resolverse.
¿Aún tienes pecado en tu corazón? Si tienes pecado
en tu corazón aun cuando crees en Jesús, entonces claramente, existe
un serio problema con tu fe. Se debe a que crees en Jesús meramente
como una religión por eso sus conciencias no están limpias y tienen
pecado. Sin embargo, el mismo hecho que tu puedas darte cuenta que
aún tienes pecado que permanece en tu corazón es extremadamente
afortunado en sí mismo. ¿Porqué? Porque aquellos que verdaderamente
reconozcan que tienen pecado también reconocerán que no pueden evitar
estar destinados al infierno por este pecado, y cuando lo hagan
finalmente podrán llegar a ser pobres en espíritu y de esta manera
ser capaces de escuchar la Palabra de la verdadera salvación.
Si tu quieres recibir la remisión del pecado de Dios,
entonces tu corazón debe estar preparado. Aquellos cuyos corazones
están listos ante Dios admiten, “Dios, yo quiero recibir la remisión
del pecado. Yo he creído en Jesús durante mucho tiempo, pero aún
tengo pecado. Debido a que la paga del pecado es muerte, no pudo
evitar ser arrojado al infierno.” De esta manera, se reconocen a
sí mismos como totales pecadores ante Dios. Aquellos que reconocen
la Palabra de Dios, aquellos que creen que la Palabra de Dios ciertamente
se cumple como está escrita – nadie más que estos son aquellos cuyos
corazones están listos.
Dios se encuentra con tales almas sin excepción. Tal
gente escucha Su Palabra, ven la Palabra con sus propios ojos y
la confirman, y por hacer esto se llegan a dar cuenta, “Ah, yo creía
erróneamente. Y un incontable número de personas cree equívocamente
ahora.” Y por creer en el evangelio del agua y el Espíritu, sin
importar lo que otros puedan decir, entonces ellos reciben su remisión
del pecado.
Aquellos que Han Sido Salvos
de Todos Sus Pecados Deben Defender Su Fe Creyendo en el Evangelio
del Agua y el Espíritu
Sin embargo, este mundo está lleno de incontables
doctrinas demoníacas que pueden quitar la paz y deshonrar aún los
corazones de los nacidos de nuevo. El Señor Jesús nos advirtió,
“Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos, y de la levadura
de Herodes” (Marcos 8:15). Pero no podemos ni siquiera contar
cuantas enseñanzas leudadas existen, las cuales engañan los corazones
de la gente aunque escuchen una sola vez. Debemos darnos cuenta
de cómo este mundo se mueve en inmoralidad sexual.
Nosotros que creemos debemos saber exactamente en
que clase de era estamos viviendo ahora y debemos defender nuestra
fe. Sin embargo, aún mientras vivimos en un mundo tan pecaminoso,
en nuestros corazones se encuentra la verdad inmutable que da testimonio
de nuestra inamovible salvación que está en el evangelio del agua
y el Espíritu. Debemos tener fe en la verdad que ni se mueve ni
el mundo la puede arrastrar.
Todo lo que es de este mundo no es verdad. Dios nos
dijo que los justos vencen al mundo. Es por su fe en el evangelio
de la verdad inmutable de que el justo vence al Demonio y triunfa
sobre el mundo. Aunque somos insuficientes, nuestros corazones,
nuestros pensamientos y nuestros cuerpos aún están en la Casa de
Dios y estamos de pie firmes sobre el evangelio de la salvación
con fe. Estamos de pie firmemente sobre el evangelio del agua y
la sangre con la cual el Señor nos ha salvado.
Debido a esto, estamos muy agradecidos con Dios. No
importa que el pecado abunde en este mundo, por lo menos nosotros
los justos ciertamente tenemos conciencias sin mancha y una fe que
resplandece como el oro en nuestro corazón. Nosotros los justos
todos viviremos una vida de fe que vence al mundo por esta fe. Hasta
el día del regreso del Señor, y aún cuando estemos en Su Reino,
todos nosotros alabaremos esta fe. Alabaremos por siempre al Señor
quién nos ha salvado y alabaremos a nuestro Dios quién nos ha dado
esta fe.
Mientras que esta fe llena de verdad que tenemos con
nosotros ante Dios sea levantada sobre la roca, no se mueve bajo
ninguna circunstancia. Como tal, no importa lo que nos pase mientras
vivimos en esta tierra hasta el día en que estemos delante del Señor,
defenderemos nuestros corazones por fe. Aún si todo en este mundo
es destruido, aún si este mundo se está ahogando en pecado y aún
si este mundo llega a ser peor que el Sodoma y Gomorra de antaño,
no seguiremos a este mundo, sino que creeremos en Dios firmemente,
iremos tras Su justicia, y continuaremos haciendo la obra de proclamar
estas dos gracias (el bautismo de Jesús y Su muerte sobre la Cruz)
de la salvación, las verdaderas gracias de Dios.
Aquellos que Pretenden Creer
en el Verdadero Evangelio
Alguna gente, aunque no creen realmente en el evangelio
del agua y el Espíritu, aún pretenden creer en la verdad de los
hilos azules, púrpura y escarlata. Pero podemos ver que tal gente
tiene pecado en su corazón por no creer sinceramente en el evangelio
del agua y el Espíritu. Ellos son como el que perdió la cabeza del
hacha de hierro, la cual había pedido prestada a su vecino, en el
agua (2 Reyes 6:5).
De igual manera, es posible, cuando surjan las necesidades,
que alguna gente use el evangelio del agua y el Espíritu por un
corto tiempo. Pero sin creer que este evangelio del agua y el Espíritu
es la verdad, son incapaces de hablar de la verdadera fe cuando
predican o tienen comunión. Y aquellos sin fe en la verdad trágicamente
terminaran renunciando a su fe a la mitad del camino. Pero la verdad
del evangelio del agua y el Espíritu no cambia, y es por eso que
deben creer en este evangelio del agua y el Espíritu.
Pero mencionando Hebreos 7:12, que dice “Porque
cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de
ley;” alguna gente afirma, “La Ley también ha cambiado. Así
la salvación que Jesús completó realmente no fue completa de acuerdo
al mismo método del Antiguo Testamento. Jesucristo vino y nos ha
salvado solo muriendo sobre la Cruz, un método modificado.” Algunos
otros afirman, “Parece poco probable qué fue cuando Jesús murió
sobre la Cruz cuando Dios pasó nuestros pecados sobre Su Hijo.”
Pero tales afirmaciones también son defectuosas y
sin bases. Fácilmente podemos refutar sus afirmaciones preguntando,
“Entonces, ¿significa esto que Dios solo crucificó a Jesús quién
fue sin pecado y entonces solo pasó los pecados del mundo sobre
Él?” Cuando creemos en la Palabra de Dios, debemos creer como es,
no insistiendo en nuestros propios pensamientos. Aún si por casualidad
llegamos a tener oposición propia, si la Biblia nos dice que está
oposición esta equivocada, entonces tenemos que romper nuestra propia
justicia y creer en la Palabra de Dios.
Entre más tiempo pasa, mayor gratitud y más preciado
es el hecho de que el Señor nos ha salvado con el evangelio del
agua y el Espíritu. Cuando creemos de acuerdo con nuestros propios
pensamientos, hubo momentos en que nuestra vida de fe estuvo en
riesgo y casi nos alejamos de la Iglesia. Pero al igual que dos
espigas sostenían cada tabla del Tabernáculo al ser puestas sobre
dos basas, nuestra fe en la verdad de Jesús, nos mantuvo firmes
ya que Él tomó nuestros pecados siendo bautizado y derramando Su
sangre. Al ser bautizado por Juan y llevando nuestra condenación
al ser crucificado y derramando Su sangre, nuestro Señor nos ha
salvado de todos nuestros pecados. Como tal, nuestra fe nunca fluctuara.
Proverbios 25:4 dice, “Quita las escorias
de la plata, Y saldrá alhaja al fundidor.” Como
en este pasaje, aún mientras que muchas cosas viles, malvadas y
corruptas emergen en nuestros pensamientos de la carne, con Su bautismo
y sangre, Jesús nos ha purificado de estas cosas sucias, de los
pecados de la humanidad y nos ha convertido en los trabajadores
de la justicia de Dios. El Señor nos ha purificado de los pecados
del mundo. Al ser bautizado por Juan y de esta manera aceptando
todos nuestros pecados de una vez y para siempre, y siendo crucificado
y derramando Su sangre, y de esta manera llevando la condenación
de nuestros pecados, Jesús nos ha salvado limpiamente de los pecados
del mundo.
Como tal, aquellos que creen en el evangelio del agua
y el Espíritu tienen garantizada su eterna salvación. Nuestros actos
pueden parecer preocupantes en ocasiones, pero el evangelio del
agua y el Espíritu sostiene nuestra fe firmemente, igual que las
basas de plata sostenían cada tabla sosteniendo las dos espigas.
La Gracia Eterna de
la Salvación Que Nos Sostiene
Ahora, volvamos nuestra atención a las barras que
sostenían las tablas del Tabernáculo juntas. Éxodo 26:26-27 dice,
“Harás también cinco barras de madera de acacia, para
las tablas de un lado del tabernáculo, y cinco barras para las tablas
del otro lado del tabernáculo, y cinco barras para las tablas del
lado posterior del tabernáculo, al occidente.” La forma total
del Tabernáculo era rectangular. Los pilares eran colocados en la
puerta del Tabernáculo y para el velo del Lugar Santísimo, y el
resto era hecho de tablas. Estas tablas estaban cubiertas en derredor
con cinco barras.
Para sostener estas barras, cinco aros de oro eran
colocados sobre cada tabla, y las barras mismas, hechas de madera
de acacia, estaban también recubiertas de oro. Las cinco barras
eran colocadas sobre las tablas en los tres lados del Tabernáculo,
norte, sur y oeste. Mientras que las tablas eran sostenidas con
estas barras que atravesaban los aros de oro, ellos permanecían
fijos. Así que apoyada en la base por basas de plata. Y mantenidas
juntas por los lados por cinco barras, las tablas permanecían firmes
y juntas.
Y mientras que las 48 tablas estaban envueltas alrededor
por cinco barras y se apoyaban la una a la otra, el pueblo de Dios
también está unido a Dios con el evangelio del agua y el Espíritu.
La Iglesia de Dios es el lugar en donde aquellos que han recibido
el regalo de la salvación del agua y el Espíritu sé reúnen y viven
sus vidas de fe. Jesús le dijo a Pedro que Él construiría Su Iglesia
sobre la roca (Mateo 16:18-19). Como tal, el lugar en donde el Reino
de Dios es formado reuniendo a aquellos que han recibido la remisión
del pecado es la Iglesia de Dios. Dios nos está mostrando que Él
nos ha salvado totalmente de los pecados del mundo con las obras
de Jesús manifestadas con los hilos azules, púrpura y escarlata.
Éxodo 26:28 dice, “Y la barra de en medio
pasará por en medio de las tablas, de un extremo al otro.” Esta
barra de en medio era lo suficientemente larga para atar todas las
tablas desde un solo lado y de una sola vez. Entonces, ¿cuál es
el significado de esta barra de en medio que pasaba a través del
centro de las tablas de principio a fin? Significa que los justos
se unen los unos con los otros, y que su fe es común el uno con
el otro. En otras palabras, creyendo en la salvación completada
a través del evangelio del agua y el Espíritu dada por el Señor,
pueden tener comunión unos con otros en fe. Los justos se encuentran
ojo con ojo por su fe. Es por eso que cuando nos encontramos con
nuestros santos compañeros o ministros y tenemos comunión con ellos,
ciertamente podemos sentir esta comunión de los corazones.
“Una Fe, Un Bautismo
y Un Dios”
Vayamos a Efesios 4:3-7: “solícitos en guardar
la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo,
y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza
de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un
Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en
todos. Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme
a la medida del don de Cristo.” El Apóstol Pablo nos
dijo que perseveráramos en guardar la unidad del Espíritu en el
vinculo de la paz. El bautismo de Jesús y la Cruz – cuando recibimos
el regalo de la salvación formada por estos dos, entonces la paz
viene a nuestros corazones. Cuando recibimos la remisión del pecado
en nuestro corazón, entonces nos convertimos en una familia en Cristo.
En concreto llegamos a ser un cuerpo.
“Un Señor.” Jesucristo quién nos ha salvado
es uno. “Una Fe.” ¿En que crees? Crees en la salvación del
agua y en la sangre de Jesús y del Espíritu, manifestado en los
hilos azules, púrpura, escarlata y en el fino lino torcido. “Un
Bautismo.” El Apóstol Pablo enfatizó el bautismo de Jesús una
vez más. Aquí él no se refirió a la Cruz, sino más bien enfatizó
el bautismo de Jesús que limpio a todos los creyentes incondicionalmente.
Para que nosotros creamos en Su bautismo que es estar bautizado
en Cristo y así vestirse de Cristo (Gàlatas 3:27). “Un Dios.”
Dios es uno. Este Dios nos ha salvado al enviar a Su propio
Hijo.
Todas estas cosas se refieren a una fe en el agua,
la sangre y el Espíritu (1 Juan 5:8). Es cuando tenemos fe en el
evangelio del agua y el Espíritu que nuestro corazón puede tener
comunión el uno con el otro. Aquellos que han recibido la remisión
del pecado se pueden encontrar uno con otro en el mismo nivel. Pueden
existir algunas ocasiones en que no se puedan entender totalmente.
Pero al igual que la barra de en medio pasaba a través de las tablas
de principio a fin, si realmente han recibido la remisión del pecado
en el centro de su corazón, entonces pueden tener comunión unos
con otros. “Este hermano también ha sido salvo del pecado, pero
su carne es débil y todavía hay mucha carnalidad que permanece en
su corazón. Como todos los demás, él, también, era semilla de hacedor
de maldad, pero el Señor ha remitido su pecado con el evangelio
del agua y el Espíritu.” De esta manera, llegan a entenderse unos
a otros y alaban al Señor.
No importa cuan insuficiente clase de gente podamos
ser, si reciben la remisión del pecado y permanecen en la Iglesia,
entonces sus rostros se iluminaran, sus pensamientos se iluminaran,
también sus corazones se iluminaran y también serán capaces de tener
comunión unos con otros. Los justos pueden verse en el mismo nivel.
¿Qué hace esto posible? La fe lo hace posible. Ellos pueden verse
en el mismo nivel no debido a ninguna otra razón sino por la fe.
Entonces, ¿cómo se explica la incapacidad de comunicarse con otros?
No podemos compartir nuestro corazón con aquellos que no están en
Cristo, ya que ellos, en sus corazones, no creen en la verdad, en
el evangelio del agua y el Espíritu. Aquellos que no creen en este
evangelio del agua y el Espíritu no pueden para nada tener comunión
con nosotros.
Hermanos y hermanas, ¿exactamente que es la Iglesia
de Dios? Es la reunión de aquellos que están santificados en Jesucristo,
llamados a ser santos (1 Corintios 1:2). Es la congregación de aquellos
que creen en la verdad que Jesucristo ha lavado sus pecados al ser
bautizado, que Él los ha salvado al cargar estos pecados y llevando
toda la condenación a la Cruz, y que Él sé levantó de entre los
muertos y se ha convertido en su propio Salvador. La Iglesia de
Dios no es otra cosa que esta reunión de aquellos que han llegado
a ser uno creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu.
Se debe a que esta fe está en ambos, en tu corazón
y en mi corazón por eso podemos ver en la misma dirección cuando
estamos en Su Iglesia. Al igual que Dios no mira nuestra apariencia
externa sino que cuando Él nos mira ve el centro de nuestro corazón,
nosotros quienes han recibido la remisión del pecado tampoco vemos
la apariencia externa, sino que tenemos comunión mirando al centro
de la fe de cada cual. “¿Acaso esta persona realmente cree en la
verdad con su corazón?” – esto es lo que vemos. No importa que diferencias
pueda haber en su personalidad, esto para nada importa que pueda
haber en su personalidad, esto para nada importa mientras que él
/ ella crea en “un Señor, una fe, un bautismo; un Dios y Padre
de todos.”
Debido a que creemos, hemos llegado a ser los pilares
y las tablas del Tabernáculo, y debido a que creemos, hemos llegado
a ser la familia de Dios. ¿Crees en el evangelio del agua y el Espíritu?
Se debe a que creemos el que estemos esparciendo la luz de la salvación
en el mundo entero, tan pura como el oro (la fe) resplandece en
la Casa de Dios. Podemos compartir nuestros corazones con aquellos
que recientemente recibieron la remisión del pecado, ya que el Espíritu
Santo habita también en sus corazones. Si tan solo hemos recibido
la remisión del pecado, entonces todos podemos tener comunión unos
con otros. Los pecadores que discriminan a la gente basados en las
apariencias externas se tratan los unos a los otros con diferencias
basados en aspectos superficiales como la vista, la riqueza o la
fama, pero nosotros los justos no hacemos esto en el corazón. No
existe la discriminación para los justos.
Cuándo la gente recibe por primera vez la remisión
del pecado, les pregunto con frecuencia, “¿Realmente has recibido
la remisión del pecado? ¿Aún tienes pecado, o han desaparecido todos
tus pecados? A propósito, debes tener muchas preguntas acerca de
la Biblia, ¿o no? Pregúntalas con el tiempo mientras caminas en
tu vida de fe. También, tus limitaciones serán reveladas y probablemente
cometerás algunos errores en el camino. Pero los lideres y aquellos
que van delante de ti en la Iglesia te ayudaran, para que todo salga
bien.”
Hermanos y hermanas, nosotros los justos necesitamos
de la Iglesia. El Tabernáculo también significa la Iglesia de Dios.
Aquellos que no creen en el agua y en la sangre no pueden entrar
en la Iglesia de Dios y habitar en ella. Aquellos que no creen en
el evangelio del agua y el Espíritu manifestado en los hilos azules,
púrpura y escarlata no pueden entrar y habitar en Su Iglesia. Solo
aquellos que creen en la verdad pueden habitar en la Iglesia, convertirse
en el pueblo de Dios y en Sus obreros y también pueden ver la gloria
de Dios. No es solo por la sangre o por cualquier otra cualidad
de su carne es que la gente puede llegar a ser hijo de Dios. No
importa cuan autoritarios puedan ser algunos pastores, si ellos
no creen en el evangelio del agua y el Espíritu, entonces ellos
no son hijos de Dios.
Jesús Quién Vino por el Agua
y la Sangre Nos Ha Salvado Perfectamente
Lo que el Señor hizo cuando vino a la tierra puede
resumirse en Su nacimiento, bautismo, la sangre y la resurrección.
Todos estos son Sus ministerios de la remisión del pecado. Jesús
ha cumplido Su misión con Sus ministerios de los hilos azules, púrpura
y escarlata. Los hilos azules, púrpura y escarlata manifestados
en el Tabernáculo fueron para nuestra propia salvación del pecado.
La salvación de Dios es tan elaborada que no debemos creer en Él
a nuestra manera propia. Tenemos que creer en Su salvación tal como
es.
Nuestra fe debe estar correctamente en concordancia
con las verdades de Su salvación. Su bautismo y Su sangre sobre
la Cruz. Es por eso que las dos espigas entraban exactamente en
los hoyos de las dos basas de plata. No debemos considerar la verdad
que Jesús nos ha dado como conocimiento del mundo y creerlo como
tal. Tú y yo somos aquellos que han sido salvados del pecado ante
Dios creyendo en las obras de la salvación de Jesús manifestadas
en las dos basas de plata.
El Tabernáculo nos habla del método detallado de la
salvación de Jesús, y esta salvación ha sido ciertamente completada
para nosotros. Cree en los dos regalos de la salvación que Dios
te ha dado. El oro usado en el Tabernáculo implica fe. Si tú crees
en la verdad como es, entonces la salvación y la gloria del Señor
pueden llegar a ser tuyos, pero si no crees entonces no. ¿Deseas
vivir dentro del Tabernáculo por fe, vestidos con la gloria de Dios
y protegidos por Él, o deseas estar en maldición eternamente por
rehusarte a creer? Si tú solo crees en la sangre de la Cruz, entonces
no puedes ser salvo. Debes creer que la sangre de la Cruz y el bautismo
son uno solo. El regalo del Señor está formado de estos dos.
El Espíritu de Dios habita en nuestro corazón solo
cuando creemos en ambos elementos (el bautismo de Jesús y en la
sangre). El Espíritu Santo nunca habita en los corazones de aquellos
que no creen en ellos. Si confiesas tu fe solo con tus labios pero
no crees con tu corazón, y si tu conocimiento no es más que un mero
ejercicio mental, entonces no podrás jamás ser salvo. Para ser salvo,
primero debes hacer una línea de demarcación poniendo los limites
de tu salvación: “Hasta ahora, no he sido salvo. La salvación que
yo creía no era la verdadera. Pero creyendo en Jesús quien vino
por el agua y la sangre, ahora soy salvo.” La gente puede llegar
ser justa solo cuando primero son pecadores por lo menos una vez.
Deben admitir que como no salvos, están destinados a ser condenados
por sus pecados, y luego entonces llegar a ser perfectamente salvos
creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu.
Con los hilos azules y púrpura, el bautismo y la sangre
de la Cruz, debemos recibir nuestra perfecta salvación. Con Su bautismo
y con la sangre, el Señor nos ha dado el regalo de la perfecta salvación.
Para evitar que creamos basados en nuestros propios pensamientos,
el Señor también reveló esta salvación en detalle a través del Tabernáculo.
Debido a que esta salvación es muy preciada y perfecta, vale la
pena que todos crean. No crean en solo un aspecto de Su salvación,
la sangre de la Cruz, sino cree en ambos, ¡el bautismo y la sangre
de una sola vez! Si existe alguien entre nosotros que todavía no
ha sido salvo, entonces sinceramente espero que él/ella sea salvo,
aún ahora, creyendo en esta verdad.
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¿Hay alguien así entre nosotros? Siempre existe la
posibilidad. Pero mi esperanza es que esta posibilidad nunca ocurra
a ninguno de nosotros. No importa lo que pase, yo no puedo pertenecer
a una multitud de no salvos. Somos aquellos que han sido salvos
perfectamente creyendo en estas cosas (los hilos azules y púrpura)
– esto es, en el bautismo y en la sangre de Jesús. Yo doy gracias
a Dios por estos dos regalos de la salvación a través de los cuales
el Señor me ha salvado. Debido a que Dios ha completado mi salvación
perfectamente, también he sido liberado de las maldiciones y del
juicio.
Verdaderamente, nuestra salvación que ha venido de
los hilos azules y púrpura es preciosa más allá de cualquier palabra.
Recuerda y cree que tú salvación es hecha perfecta no solo por la
sangre de la Cruz, ni solo por el bautismo de Jesús, sino por ambos,
el bautismo y la sangre de la Cruz, y que es por creer en estas
dos que podemos llegar a ser hijos de Dios. Hemos recibido vida
eterna creyendo en el evangelio Palabra del agua y el Espíritu,
el misterio escondido en las espigas y en las dos basas de plata
de las tablas del Tabernáculo.
Yo doy toda mi gratitud a nuestro Señor quien nos
ha salvado de los pecados del mundo. ¡Aleluya!
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a la Lista
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