布道

Tema 6: Herejía

[6-10] Curar con sal el agua mala (2 Reyes 2, 19-22)

Curar con sal el agua mala (2 Reyes 2, 19-22)
«Y los hombres de la ciudad dijeron a Eliseo: He aquí, el lugar en donde está colocada esta ciudad es bueno, como mi señor ve; mas las aguas son malas, y la tierra es estéril. Entonces él dijo: Traedme una vasija nueva, y poned en ella sal. Y se la trajeron. Y saliendo él a los manantiales de las aguas, echó dentro la sal, y dijo: Así ha dicho Jehová: Yo sané estas aguas, y no habrá más en ellas muerte ni enfermedad. Y fueron sanas las aguas hasta hoy, conforme a la palabra que habló Eliseo».
 


El cristianismo de hoy en día no tiene vida porque está predicando falsos Evangelios en vez del verdadero Evangelio 


Las iglesias de hoy en día no pueden interpretar correctamente el Evangelio del agua y el Espíritu ni predicarlo basándose en la Palabra de Dios. Dicho de otra manera, muchas personas en las comunidades cristianas no están predicando la Palabra de Dios, sino sus propios pensamientos. Esto se debe a que las iglesias protestantes, que aparecieron como consecuencia de la Reforma, creen en doctrinas cristianas que se inventaron según sus propias ideas. Quien cree en el Evangelio del agua y el Espíritu puede ver que el cristianismo de hoy en día está lleno de falsas doctrinas que surgen de los pensamientos humanos. Esto ha hecho posible que la gente que va a las iglesias de hoy en día consiga sus metas. Estas personas van a la iglesia para escuchar la Palabra de Dios y creer en ella. Y también intentan recibir la remisión de los pecados y entrar en el Cielo al creer en Jesús. Sin embargo, después de creer en Jesús durante 10 o 20 años, no notan ningún cambio físico o espiritual, porque sus maestros no conocen el Evangelio del agua y el Espíritu. Y por eso muchos cristianos están malditos todavía, y sus pecados permanecen intactos en sus corazones aunque creen en Jesús. 
Hay gente que parece creer en Jesús al principio, pero que abandona su fe después de un tiempo, o que incluso se arrepiente de haber creído en Jesús. Hay muchos cristianos que intentan creer en Jesús con mucho afán, pero acaban decepcionados a pesar de sus esfuerzos. Esto se debe a que, aunque van a la iglesia, escuchan la Palabra de Dios, y creen en Jesús como su Salvador, no pueden recibir la remisión de los pecados. Así que, para ellos, creer en Jesús es tan duro como llevar la Cruz de Jesús. Como no tienen felicidad en sus corazones, aunque creen en Jesús como su Salvador, muchos de ellos oran como fanáticos para recibir el Espíritu Santo, y al final les poseen demonios y se convierten en esclavos de Satanás. Esta es la consecuencia del hecho de que muchos cristianos no han entendido a Jesús, y de que hayan creído en falsos evangelios en vez del Evangelio del agua y el Espíritu.
Entonces, ¿por qué hay tanta gente que no ha sido salvada de sus pecados a pesar de creer en Jesús, y se acaban abandonando su fe después de un tiempo? ¿Y por qué los que se hacen llamar buenos cristianos son poseídos por demonios? ¿Cómo se puede explicar este resultado para tantos cristianos? Esto se debe a que la fe de los pastores de hoy en día, que predican la Palabra de Dios, no es buena. Estos pastores no pueden hacer que su congregación reciba la remisión de los pecados y el Espíritu Santo al creer en el bautismo de Jesús y Su sangre derramada en la Cruz. Como estos pastores no pueden predicar el Evangelio del agua y el Espíritu a sus congregaciones, que haría que recibiesen la remisión de los pecados y el Espíritu Santo, todos sus seguidores se están alejando de Dios aunque intentan aprender Su Palabra. Por otro lado, si un líder, que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu, predica este Evangelio a la gente, los que lo escuchan podrán recibir la remisión de los pecados y el Espíritu Santo en sus corazones. 
 

¿Cuál es la Palabra que salva nuestras almas? 

Cuando Eliseo, un siervo de Dios, estaba en Jericó, los habitantes de esa ciudad le preguntaron: «Y los hombres de la ciudad dijeron a Eliseo: He aquí, el lugar en donde está colocada esta ciudad es bueno, como mi señor ve; mas las aguas son malas, y la tierra es estéril» (2 Reyes 2, 19). La tierra de alrededor de Jericó era muy fértil. Los israelitas vivían de la agricultura, de plantar viñas, cebada, trigo, etc. También había personas que vendían lo que sembraban. Jericó estaba rodeada de un plano muy amplio y fértil, pero el problema era que el agua era mala, y por eso el suelo no producía muchas cosas. Por eso la gente de Jericó fue al siervo de Dios con su problema y le pidió que le ayudase. 
Toda la agricultura requiera que haya agua buena. Solo cuando el agua es buena, las cosechas pueden crecer bien y producir buenos frutos para la cosecha. Pero si todos los frutos se caen antes de estar maduros, ¿no es un problema? El agricultor estaría muy decepcionado si su cosecha se arruinase después de haber trabajado tanto. El agua es absolutamente indispensable para toda criatura viviente en este planeta, tanto para animales como plantas. Solo se consiguen buenas cosechas y frutos cuando el agua sea buena. 
Además, el pasaje de las Escrituras de hoy habla del fruto de la fe. Las personas pueden ser justas y entrar en el Cielo, pero solo si creen en Jesús y reciben la remisión de los pecados. Así que si no se tiene la Palabra de Verdad, que permite recibir el Espíritu Santo en su corazón cuando se recibe la remisión de los pecados, las personas no pueden dar ningún fruto para Dios. Al creer en el bautismo de Jesús y Su sangre, pasamos de ser pecadores a ser justos. Por tanto, sus corazones deben tener la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que trae la remisión de los pecados. Si no tienen esta Palabra, su fe es imperfecta. 
Muchos cristianos están contentos cuando creen en Jesús por primera vez. Pero cuando pasa el tiempo, después de 5 o 10 años desde que empezaron a creer, llegan a un punto en el que quieren abandonar su fe en Jesús porque no quieren conocer el Evangelio del agua y el Espíritu, que constituye la justicia de Dios. Por tanto es muy importante conocer la Verdad y creer en ella, es decir en el Evangelio del agua y el Espíritu, desde el principio. De lo contrario, serán aún más pecadores, más hipócritas y más siervos del Diablos que del Espíritu Santo, aunque parezcan buenos cristianos. Hay muchas personas así en las comunidades cristianas. ¿Cómo puede ser esta fe la verdadera? El pasaje de las Escrituras de hoy dice: «Mas las aguas son malas, y la tierra es estéril». Dios está diciendo esto a los cristianos de hoy. Este pasaje es la Palabra de Dios que demuestra el tipo de obra que hacen los que no pueden predicar el Evangelio del agua y el Espíritu, que nos permite recibir el Espíritu Santo, y los que predican un evangelio imperfecto.
 

Los sermones afectan a los corazones de los que los escuchan 

Está claro que por muy buena que sea la fe de un cristiano, está destinado a ser influenciado por los que le predican la Palabra de Dios. Por tanto, para los que predican la Palabra de Dios, el que su congregación reciba o no reciba la remisión de los pecados de Dios, depende de si predican el Evangelio del agua y el Espíritu, el Evangelio que permite recibir la remisión de los pecados y el Espíritu Santo. Los siervos de Dios están predicando ahora la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, porque han creído en este Evangelio que les permite recibir la remisión de sus pecados y el Espíritu Santo. 
Pero, los pastores que no predican el Evangelio que permite recibir el Espíritu Santo, dan sermones que se basan en la ética y la moral. Estos sermones no contienen la Palabra del agua y el Espíritu. Pero, de ahora en adelante, todos los cristianos deben escuchar la Palabra de Dios y los sermones sobre el Evangelio que les permiten recibir el Espíritu Santo. 
 

Los mentirosos que están creando agua mala 

Sin embargo, incluso en este momento, muchos pastores son incapaces de predicar la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, porque no conocen esta Palabra que permite recibir el Espíritu Santo. Si los predicadores conocen la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu y lo predican correctamente, la congregación recibirá la remisión de los pecados de Dios y el don del Espíritu Santo, y así estará en paz con Dios. Cuando un predicador de la Palabra de Dios explica la Palabra del bautismo de Jesús y Su sangre derramada en la Cruz, la Palabra que permite recibir el Espíritu Santo, será librado de sus pecados y su relación con Dios será restaurada correctamente. Pero, si un predicador no predica esta Palabra de Dios del agua y el Espíritu, los cristianos que aprendan de este pastor seguirán teniendo pecados en sus corazones aunque confiesen creer en Jesús como su Salvador. 
Para permitir que la gente de hoy en día reciba el Espíritu Santo, un predicador debe conocer y enseñar cómo Dios nos ha salvado de los pecados del mundo a través del Evangelio del agua y el Espíritu, y cómo los ha eliminado. Estos sermones solo los pueden explicar los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu basado en la Palabra de la justicia de Dios. El único Evangelio que permite a la gente recibir el Espíritu Santo es el Evangelio del agua y el Espíritu. Muchos pastores les dicen a los cristianos de hoy en día: «Jesús derramó Su sangre y murió en la Cruz en vuestro lugar. Eso es todo. No hay nada más que enseñar acerca de Su salvación». Así que siguen diciendo: «Creed en Jesús como vuestro Salvador. Y sed buenas personas para difundir vuestra fe en la sangre de la Cruz».
Como estos pastores no pueden predicar la Palabra del agua y el Espíritu correctamente desde el púlpito, están convirtiendo a la congregación en formalistas religiosos y la están llevando directamente al infierno. Si estos predicadores no predican la Palabra que permite recibir el Espíritu Santo, nadie podrá recibir el Espíritu Santo. Pero, a pesar de esto, muchas personas dicen: «Bueno, yo no me dejo influir por ningún predicador». Pero deben darse cuenta de que todo cristiano recibe algún tipo de influencia y conocimiento del pastor que le predica. Así que deben examinarse a sí mismos y ver si los sermones que están escuchando vienen de alguien que conoce el Evangelio del agua y el Espíritu.
Hay muchos cristianos hoy en día que cometen errores por culpa del agua mala. Mucha gente dice que solía ir a la iglesia pero que ya no tiene fe. En la descripción del agua mala y la tierra estéril de Jericó, el pasaje de las Escrituras de hoy nos dice que si los cristianos no escuchan la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, serán arrojados al infierno por sus pecados. La Biblia dice que la razón por la que tantos cristianos no pueden dar el fruto de la salvación, a pesar de creer en Jesús, es que no pueden escuchar la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. Muchos cristianos no han escuchado la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, el Evangelio que les permitiría entrar recibir el Espíritu Santo, y por eso dejan su fe. La razón es que, incluso los que han predicado la Palabra de Dios a esta gente, no han escuchado la Palabra de Verdad que permite recibir el Espíritu Santo. Y aunque estos pastores la hayan escuchado, no han creído en ella, y simplemente se han dedicado a predicar sermones dogmáticos a sus congregaciones según sus propias ideas. 
Hay muchas personas en esta era que no creen en Jesús. Pero, ¿cuántos de estos cristianos pueden llamarse frutos verdaderos de la fe? Como no han escuchado el Evangelio del agua y el Espíritu, muchos cristianos renuncian a sus vidas religiosas después de un tiempo, e incluso los que se aferran a su fe dogmática hasta el fin, acaban muriendo con pecados, y por eso van al infierno. Este fenómeno es bastante evidente en las comunidades cristianas. Los que se hacen llamar «siervos de Dios» no conocen esta Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, y por tanto no predican esta Verdad correctamente. Y como resultado, están enviando al infierno a mucha gente que cree en Jesús como su Salvador. ¡Qué tragedia es creer en Jesús pero en vez de entrar en el Cielo, ir al infierno! Si ustedes escuchan a este tipo de predicadores, deben escapar de ellos cuanto antes sea posible.
 

¿Está el líder de su iglesia enseñándoles el Evangelio que permite que sus almas reciban al Espíritu Santo? 

Se dice que hay más de mil millones de cristianos en este planeta, pero por desgracia, muchos predicadores siguen sin dar frutos de salvación porque no están predicando la Palabra de Dios del Evangelio del agua y el Espíritu tal y como es. Al mezclar la Palabra de Dios con sus lecciones éticas en sus sermones, estos predicadores han hecho que las almas de la gente sean ignorantes y mueran. ¿Qué harían si su pastor impidiera que las almas se salvasen y les impidiera escuchar el Evangelio del agua y el Espíritu y las llevase a la muerte? Esta es la realidad del cristianismo de hoy en día. ¿Creen en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu?
Aunque los cristianos de hoy en día creen en Jesús, siguen sin poder salvarse de los pecados de sus corazones. Esto se debe a que hay algo que va mal en el contenido de los sermones que escuchan. Esto es debido a que no han escuchado el Evangelio del agua y el Espíritu que permite recibir el Evangelio del Espíritu. Los cristianos que no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu no pueden evitar confesar lo mismo: «No he sido salvado aunque creo en Jesús». Esto es similar a lo que dice el pasaje de las Escrituras de hoy: «He aquí, el lugar en donde está colocada esta ciudad es bueno, como mi señor ve; mas las aguas son malas, y la tierra es estéril». ¿Es esto tolerable? El pasaje describe lo que estaba pasando en Israel en tiempos de Eliseo, pero también describe lo que les está pasando a los cristianos de todo el mundo, y demuestra que están en una situación estéril. 
Aunque solemos pensar: «La fe depende de cada individuo, no tiene nada que ver con la persona que predica la Palabra de Dios», la Biblia dice que no es así. Deja claro que por muy fértil que sea la tierra, si el agua es mala, el árbol no puede dar frutos. Del mismo modo, si los predicadores no pueden predicar correctamente la Palabra que permite recibir el Espíritu Santo, la congregación no puede recibir la remisión de los pecados ni el Espíritu Santo. Por el contrario, si predican el Evangelio del agua y el Espíritu a su congregación, la Biblia dice que darán buenos frutos. 
 

El recipiente que contiene el Evangelio del agua y el Espíritu 

Muchos de los cristianos de hoy en día dicen que, aunque creen que han sido salvados de sus pecados al creer en Jesús, están demasiado avergonzados como para llamarse justos. Esto se debe a que hay algo que no está bien en el evangelio que predican sus líderes. Así que, los que confiesan: «Aunque creo que he sido salvado de los pecados, mi corazón sigue siendo pecador», deben darse cuenta de que el contenido de los sermones que escuchan es problemático. Todo se debe a que sus predicadores no han predicado a su congregación la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, que es la Verdad de Dios. 
Para ver cómo Eliseo resolvió este problema, pasemos a 2 Reyes 21, 21-22: «Y anduvo en todos los caminos en que su padre anduvo, y sirvió a los ídolos a los cuales había servido su padre, y los adoró; y dejó a Jehová el Dios de sus padres, y no anduvo en el camino de Jehová».
Quien les hable de la Palabra de Dios en Su nombre, debe creer en el bautismo de Jesús y en Su sangre derramada en la Cruz sin falta, y debe predicar la Palabra de Dios por fe. El Señor dijo en Mateo: «El vino nuevo debe ponerse en una piel nueva». Y nuestro Señor también dijo: «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas» (2 Corintios 5, 17). Antes de nacer de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, éramos pecadores, pero ahora, al creer en el perfecto Evangelio que Jesucristo cumplió con el bautismo de Juan el Bautista y la sangre derramada en la Cruz, nos hemos convertido en justos, en redimidos. 
Por tanto, los pecadores deben escuchar la Palabra del Evangelio de los siervos de Dios que son nuevos recipientes al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, y así recibirán el Espíritu Santo y creerán en Su Palabra. Solo entonces podrán recibir la remisión de sus pecados en sus corazones. Para curar la enfermedad del pecado, debemos escuchar el verdadero Evangelio y creer en él, tal y como lo predican los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. Deben poner la Palabra de fe en el recipiente de sus espíritus y difundirla. La sal aquí se refiere a la Palabra de Dios que se encuentra en el Antiguo y el Nuevo Testamento. El Antiguo Testamento trata de la promesa de Dios acerca de nuestro Señor, que vendría a salvarnos, mientras que el Nuevo Testamento trata del cumplimiento de la promesa del Señor. Así que la sal de la que se habla en el pasaje de las Escrituras de hoy es la Palabra del Evangelio que les permite recibir el Espíritu Santo. 
Está escrito: «Y saliendo él a los manantiales de las aguas, echó dentro la sal, y dijo: Así ha dicho Jehová: Yo sané estas aguas, y no habrá más en ellas muerte ni enfermedad». Tenemos que interpretar y entender este pasaje espiritualmente. No estoy exagerando. Lo que ahora sé es que, cuando aquellos de ustedes que creen de todo corazón en el Evangelio del agua y el Espíritu predican la Palabra de Dios, los cristianos que escuchan esta Palabra del Evangelio, se convierten en justos al creer en la Palabra de Dios y pueden dar frutos ante Dios. En otras palabras, los que escuchan el Evangelio que les permite recibir el Espíritu Santo, es decir, el Evangelio del agua y el Espíritu, en vez del evangelio de la sangre solamente, son justos para siempre y se convierten en hijos de Dios en los que vive en el Espíritu Santo. Este pasaje que acabamos de leer se está cumpliendo ahora. Nos enseña que si los pecadores quieren recibir la remisión de sus pecados, deben buscar a los predicadores del Evangelio del agua y el Espíritu, el Evangelio que les permite recibir el Espíritu Santo, y deben escuchar la Palabra de Dios de estos predicadores. 
Por eso, para que su espíritu sea renovado, deben creer en la Palabra del agua y el Espíritu, y entrar en la presencia de Dios. Deben ir a los que creen en el Evangelio que permite recibir el Espíritu Santo. Cuando se presenten ante Dios, deben tomar Su Palabra, la sal espiritual. Los pastores deben recordar sin falta que, a no ser que tengan la Palabra de Dios, el Evangelio del agua y el Espíritu, y la prediquen al creer en esta Palabra de Dios tal y como es, los que los escuchan no pueden recibir la remisión de los pecados y vivirán como pecadores aunque crean en Jesús, para ser abandonados por Dios al final. Con el evangelio que predica solo la sangre derramada en la Cruz, sus pecados no pueden eliminarse. Deben entender que el Evangelio del agua y el Espíritu, que les permite recibir el Espíritu Santo, es el verdadero Evangelio del que habla la Biblia. 
Los que han recibido la remisión de los pecados creen que al ser bautizado por Juan el Bautista, Jesús cargó con los pecados del pasado, presente y futuro; que fue a la Cruz donde fue condenado y crucificado; y que así ha borrado todos los pecados del mundo para siempre. Así que, cuando predicamos con fe a los que no han recibido la remisión de los pecados, decimos: «Como Jesús cargó con nuestros pecados y fue condenado en la Cruz como castigo, sus pecados han sido borrados y ya no tienen pecado». Así la Verdad que permite recibir el Espíritu Santo llega a esta gente. Y como este Evangelio entra en ellos, reciben la remisión de sus pecados como nosotros. Debemos plantar la semilla del Evangelio del agua y el Espíritu, la Verdad de Dios, en los que todavía no han sido salvados después de creer en Jesús. 
Si los líderes cristianos de hoy en día predican el Evangelio del agua y el Espíritu tal y como es, todo el mundo recibirá la remisión de los pecados. Esta no se recibe solo cuando el predicador es un gran orador. Solo cuando el predicador habla por fe en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, el verdadero Evangelio de Dios, la gente puede ser salvada de sus pecados. Si han predicado el Evangelio a alguien, pero esta persona no ha aceptado recibir la remisión de los pecados, deben intentar una vez más por fe hacerle entender la Palabra de Dios, plantar la semilla del bautismo de Jesús y Su sangre una vez más, y predicar utilizando ejemplos que pueda entender. 
Cuando la persona entiende el mensaje del Evangelio con su mente, entonces se da cuenta en su corazón: «Esto es verdad. No tengo pecados. Mis pecados han desaparecido». El que Eliseo sanara el agua mediante la sal, implica que cuando predicamos la Palabra del Evangelio, que permite recibir el Espíritu Santo, la gente puede recibir la remisión de los pecados. El Evangelio que nos ha dejado sin pecado con el bautismo de Jesús y Su Cruz no es otro que el Evangelio de la sal, del que habla el pasaje de las Escrituras de hoy. 
 

El Evangelio del agua y el Espíritu descrito en el Libro de Romanos 

«Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu» (Romanos 8, 1-4).
Este pasaje de Romanos nos dice: «No hay condena para los que están en Cristo Jesús. La ley del Espíritu de vida les ha librado de la ley del pecado y la muerte». También nos dice que, aunque nuestra carne es demasiado débil para ser justos mediante la Ley, Dios Padre envió a Su Hijo encarnado en un hombre y pasó los pecados de todos los humanos al cuerpo de Su Hijo. Jesús ha salvado a todos los pecadores de los pecados mediante el bautismo que recibió de Juan el Bautista y la sangre que derramó en la Cruz. En otras palabras, cuando dice aquí: «Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, para Dios fue posible», se refiere a la remisión de los pecados que se cumplió por el bautismo de Jesús y Su sangre. Este es el Evangelio que nos permite recibir el Espíritu Santo, y este es el verdadero Evangelio de Jesús. 
¿Qué nos pide la Ley? La Ley impone muchos requisitos para vivir nuestras vidas: «Tienes que vivir así». Pero no podemos cumplir todos estos requisitos de la Ley. Los que intentan alcanzar la justicia cumpliendo la Ley, serán malditos, como el hombre que intentó reconstruir Jericó de las ruinas y construyó las puertas (Josué 6, 26; 1 Reyes 16, 34). Entonces, ¿por qué nos dio Dios la Ley? Nos dio la Ley para que supiésemos lo que es el pecado. Cuando miramos los mandamientos de Dios, vemos lo que está bien y lo que está mal. La Ley en sí es santa, justa y buena (Romanos 7, 12). Cuando examinamos la Palabra de la Ley de Dios, toda Palabra es correcta. Como Dios es el Creador que nos hizo, debemos adorarle y escuchar Su Palabra. Pero, ¿de verdad tienen la habilidad de obedecer la Palabra de Dios? Deben considerar esto primero antes de intentar cumplir la Ley. ¿De verdad pueden cumplir la Ley de Dios? 
Cuando la Biblia dice: «Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios lo hizo posible» (Romanos 8, 3), quiere decir que Dios cumplió el Evangelio del agua y el Espíritu que permite que los que creen en este Evangelio reciban el Espíritu Santo. Aunque la Ley de Dios es correcta, como la carne humana es demasiado débil, es simplemente imposible cumplir la Ley. Cuando nos encontramos la Palabra de la Ley de Dios, decimos amén en nuestros corazones y mentes, y estamos de acuerdo con que todo estatuto de la Ley es correcto; pero en realidad, nuestra carne no puede cumplir la Ley. Aunque nuestros corazones y mentes sigan la Ley, nuestra carne no puede obedecerla según la Palabra, ni puede practicarla como Dios ha ordenado. 
Sin embargo, la Biblia dice que lo que el hombre no puede hacer en su carne débil, Jesús lo consiguió. En otras palabras, al hacer que Jesús fuese bautizado por Juan el Bautista, Dios Padre le hizo cargar con los pecados del mundo; y al hacer que derramase Su sangre en la Cruz, el Padre eliminó todos los pecados cometidos por los pecadores débiles. Dicho de otra manera, a través de Su bautismo y Su sangre en la Cruz, Jesús ha borrado todos los pecados del mundo, y así nos ha librado de la condena y las maldiciones. Este es el Evangelio del agua y el Espíritu que permite que la gente reciba el Espíritu Santo. ¿Dijo Dios que la carne se puede justificar al cumplir la Ley? No, dijo que nadie puede conseguirlo porque todos somos débiles. Solo cuando un pecador cree en la salvación que Jesucristo ha traído a través de Su bautismo y su sangre, puede recibir la remisión de los pecados en su corazón.
 


Todos debemos creer en el perfecto Evangelio 


Yo estoy satisfecho con la justicia de Dios. Como el Señor fue bautizado por Juan el Bautista por mí, derramó Su sangre en la Cruz, y me salvó de mis pecados, mi corazón está contento. Sin embargo, hubo un tiempo en el que creí solo en la sangre derramada en la Cruz. En aquellos días, no estaba satisfecho con este seudo-evangelio. Todo el mundo es igual a la hora de vivir según la Palabra de Dios. Nadie puede porque la carne es débil, no importa que seamos cristianos o no, y que hayamos nacido de nuevo o no. Esto nos pasa a todos. Nadie puede cumplir la Ley de Dios. ¿Qué significa esto? Significa que todo ser humano no puede evitar convertirse en un pecador ante la Ley de Dios. Entonces, ¿Cómo puede librarse la raza humana del pecado? ¿Puede librarse mediante las oraciones de penitencia? No, es imposible librarse del pecado a través de las oraciones de penitencia. ¿Está escrito en alguna parte de la Biblia que podemos librarnos del pecado al ofrecer oraciones de penitencia? No, no está en ningún sitio. 
Solo nuestra fe en la justicia de Jesucristo nos libra del pecado. Cuando Jesús fue bautizado, dijo que había cumplido toda la justicia de Dios (Mateo 3, 15). En aquel momento, a través de Su bautismo, Jesús cargó con los pecados del mundo, todos y cada uno de nuestros pecados, de una sola vez. Si esto es cierto, si Jesús tomó nuestros pecados a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista, esto significa que sus pecados, mis pecados, y los pecados de todo el mundo, incluso los de la gente de Jericó, fueron pasados a Jesús de una vez por todas cuando Jesús fue bautizado por Juan el Bautista. 
Todos los pecados que los cristianos cometen por culpa de sus insuficiencias también fueron pasados a Jesucristo para siempre. Como nuestros pecados fueron pasados a Jesucristo para siempre, creemos en Dios; y como creemos en esta Palabra de Verdad, hemos sido librados de nuestros pecados, y somos santos; y como nuestros pecados han sido pasados a Jesús, hemos recibido el Espíritu Santo al creer en el Evangelio perfecto con nuestros corazones. Si los pecados de este mundo no se hubiesen pasado al cuerpo de Jesús a través del bautismo de Juan el Bautista, ¿cómo podríamos ser salvados por creer en Jesús?
Jesucristo es el Dios de todo el universo. Está escrito en el Libro del Génesis: «En el principio Dios creó los cielos y la tierra», y también está escrito: «Dios dijo: “que sea la luz; y hubo luz”». Del mismo modo, Juan 1, 1 dice: «En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios» y Juan 1, 3 dice: «Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho».
Por eso, Jesús, que vino como nuestro Salvador, es Dios en esencia. Se había profetizado de antemano, a través del profeta Isaías, que para salvarnos, Dios tenía que nacer del cuerpo de una virgen y ser hombre. 700 después de hacer esta promesa, Dios cumplió esta promesa. Y cuando el Señor vino al mundo, fue bautizado por Juan el Bautista, el representante de la humanidad, para salvarnos de nuestros pecados, ya que nuestra carne era demasiado débil para salvarse por sí misma. 
 

¿Creen en el Evangelio del agua y el Espíritu como la Verdad? 

Jesús, el único Hijo de Dios Padre, aceptó todos los pecados del mundo para siempre y los eliminó. Y derramó Su sangre en la Cruz por nosotros. Al hacerlo, nos ha hecho creer en el Evangelio del agua y el Espíritu para siempre. Jesús nos ha hecho santos por creer en este Evangelio. Ha hecho que todos los que creen en Él sean justos. Hace 2.000 años, nuestro Señor pagó la condena de los pecados de la humanidad para siempre, los suyos y los míos, al ser bautizado por Juan el Bautista. Jesús tomó todos los pecados sobre Sí mismo, tanto los de los cristianos como los de los no cristianos. Por tanto, todo el mundo que cree en Jesús correctamente, pueden ser salvado del pecado a través del Evangelio del agua y el Espíritu.
El Evangelio del agua y el Espíritu que permite recibir el Espíritu Santo, es la Palabra de Dios en una nueva piel. Como este Evangelio, la Verdad de Dios, se ha sembrado en los corazones de los pecadores, Dios los ha salvado de los pecados del mundo. 
¿Cómo dijo el Señor que nos ha salvado de los pecados del mundo? El Antiguo Testamento habla de los sacrificios que el pueblo de Israel ofrecía a todas horas, en los que se sacrificaban animales que aceptaban los pecados del pueblo mediante la imposición de manos, y después derramaban su sangre. Como estos sacrificios, nuestro Señor vino al mundo como el Cordero de Dios, fue bautizado, murió en la Cruz, se levantó de entre los muertos, y así se ha convertido en el Salvador de todos los que creen en Él. ¿Acaso no fueron nuestros pecados pasados a Jesús mediante Su bautismo? Por supuesto que sí. Como nuestra carne es débil, no podemos ser justos si intentamos cumplir la Ley. Pero Jesús cumplió la justicia de Dios al tomar los pecados del mundo mediante Su bautismo. 
 

¡Crean en el verdadero Evangelio del agua y el Espíritu! 

Mis queridos hermanos, el pasaje de las Escrituras de hoy en día dice que Eliseo echó sal en el agua, y dejó de ser estéril, aunque fuera agua estancada. Está escrito: «Y saliendo él a los manantiales de las aguas, echó dentro la sal, y dijo: Así ha dicho Jehová: Yo sané estas aguas, y no habrá más en ellas muerte ni enfermedad. Y fueron sanas las aguas hasta hoy, conforme a la palabra que habló Eliseo» (2 Reyes 2, 21-22). Jesús aceptó todos los pecados al ser bautizado. Esto significa que todos sus pecados fueron pasados a Él. Este es el Evangelio del que habla la Biblia, el Evangelio que permite recibir el Espíritu Santo. Es el Evangelio original. ¿Tienen pecados o no? No tienen pecados. ¿Se ha curado su alma por fe o sigue estando enferma? Está curada. 
Como la carne humana es tan débil ante Dios, nadie puede evitar ser arrojado al infierno, ni puede seguir la voluntad de Dios. Sin embargo, si alguien cree en el bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista y Su sangre derramada en la Cruz, puede ser salvado del pecado. La sal no cambia. El Evangelio del agua y el Espíritu, que permite recibir el Espíritu Santo, nunca cambia. La sal evita que las cosas se pudran. Jesús ha cumplido toda la justicia de Dios. Jesús ha salvado a todos los pecadores para siempre a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Este Evangelio nos permite recibir el Espíritu Santo para siempre y protege nuestra fe. ¿Creen en esto?
Eliseo puso sal en un recipiente nuevo y la arrojó al agua. Entonces el agua se curó. Así, con el Evangelio que nos permite recibir el Espíritu Santo, nuestro Señor nos ha salvado a los que creemos en este Evangelio. El Señor ha salvado a los pecadores a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Si alguien cree en este Evangelio que permite recibir el Espíritu Santo, será salvado de todos sus pecados. 
Jesús ha salvado a los que creen en Él al venir al mundo por el agua y el Espíritu (1 Juan 5, 4-8). Lo que nosotros no pudimos conseguir con nuestra carne, lo ha conseguido nuestro Señor. A través del Evangelio del agua y el Espíritu, el Señor nos ha salvado de todos nuestros pecados. Así nos ha curado tanto en cuerpo como en espíritu. Por tanto, al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, estamos salvados. Pero hay cristianos hoy en día que están escuchando malos sermones, y quedan defraudados aunque creen en Jesús, y por eso siguen siendo pecadores aunque creen en Jesús, y además están malditos. Sin embargo, Dios ha curado a todos los pecadores con el Evangelio del agua y el Espíritu que nos permite recibir el Espíritu Santo. 
He estado en muchos países, desde Japón hasta China, Taiwán y Rusia. He conocido a muchos cristianos allí. Pero, como la Palabra del Evangelio que han escuchado no está completa, no podían recibir la salvación del pecado. Aunque han escuchado la Palabra de Dios y han creído en Él durante un tiempo, todos ellos eran pecadores. Sin embargo, cuando predicaba la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, ellos pueden ser salvados cuando aceptan el Evangelio de la remisión de los pecados enseguida. Este Evangelio del agua y el Espíritu es el Evangelio que nos permite recibir el Espíritu Santo, y es también el producto de la obra de Dios y Su compasión por nosotros. 
El Señor cura el corazón y el espíritu de los que han sido heridos por el pecado. Cuando los siervos de Dios que están redimidos, predican la Palabra a los pecadores por fe, estos últimos serán salvados de sus pecados, sean cuales sean sus circunstancias. Quien cree en el Evangelio del agua y el Espíritu no es esclavo del pecado. Aunque no podemos evitar cometer pecados de nuevo, nunca seremos pecadores. La ley del pecado y la muerte nos dice que siempre cometemos pecados en nuestra carne débil y que estamos destinados al infierno. Sin embargo, a través del Evangelio del agua y el Espíritu, nuestro Señor nos ha salvado de la ley del pecado y la muerte. Alabo al Señor, que nos ha salvado a través del Evangelio del agua y el Espíritu.
¿Fueron pasados todos sus pecados a Jesucristo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu? Por supuesto que sí. ¿Les ha salvado Jesús de todos sus pecados? Hemos sido curados en cuerpo y espíritu al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Del mismo modo en que Eliseo curó el agua de Jericó e hizo que el agua fuera buena, nuestro Dios también nos ha curado a los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu. Nos ha salvado de todos nuestros pecados para que, los que estábamos destinados al infierno, podamos entrar en el Cielo. El Señor nos ha salvado perfectamente de todos los pecados. Alabo al Señor que nos ha salvado de todos nuestros pecados. 
 

Lo que hacen los que han puesto al Espíritu Santo en un nuevo recipiente 

¿Qué debemos hacer en esta era los que tenemos el Evangelio del agua y el Espíritu? Como hemos recibido la remisión de los pecados, debemos tomar la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu y llevarla a los que no conocen esta Verdad, y debemos sembrar la Verdad en ellos. Esta obra la llevan a cabo los justos que han recibido la remisión de los pecados. 
Mis queridos hermanos, hay mucha gente en este mundo que cree en Jesús. Pero incluso los que creen en Jesús están desesperados, porque el evangelio en el que creen está corrupto. Esto ocurre en todo el mundo. Aunque han aprendido quién es Jesús y qué es la sangre que derramó en la Cruz, siguen siendo pecadores. Sin embargo, está claro que Dios consiguió lo que nosotros no podíamos conseguir porque nuestra carne es débil: nuestro Señor hizo que los que creen en Él estén libres de pecados al aceptar todos los pecados del mundo en Su bautismo. ¿Creen en esto, mis queridos hermanos? Hay mucho trabajo que hacer en este mundo.
Debemos difundir este Evangelio real por todo el mundo. Debemos predicar este Evangelio de la Verdad a los que están adorando a becerros de oro. Pero esta no es una tarea fácil; requiere mucho esfuerzo y sudor. Pero aún así no podemos dejar de hacerlo. Muchas personas siguen sin poder ser justas aunque creen en Jesús como en su Salvador. Deben darse cuenta de que millones de almas están muriendo, porque no han escuchado el Evangelio que les permite recibir el Espíritu Santo, y por eso deben renovar sus fuerzas y predicar este Evangelio a los herejes. 
De hecho, los que son ahora nuevos recipientes, deben poner sal, el Evangelio del agua y el Espíritu, en sus corazones y predicarlo a la gente del mundo que tiene sed de este Evangelio. Prediquemos este Evangelio de Verdad por fe.